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lunes, 24 de octubre de 2011

El modelo económico actual no es viable

Los retos de la humanidad son tan variados como ideales existan. Recientemente el tema de la conservación de los recursos naturales, del patrimonio natural y de los modelos de desarrollo han generado muchas discusiones, lo cual debe llevarnos a un análisis crítico reflexivo para poder tomar parte activa de estos retos. Encontré esta nota en el diario El Espectador de una entrevista al director del PNUMA y los retos de la Economia Verde, del cual quiero resaltar el párrafo final que va muy de la mano con las situaciones que se estan presentando en torno a nuestro patrimonio natural como el tema del complejo hotelero en el PNN Tayrona y las locomotoras mineras del actual gobierno:

"¿Cuál sería su mensaje para los tomadores de decisiones en Colombia?

Que probablemente existan más oportunidades de desarrollar una economía en el siglo XXI basada en la sostenibilidad más que en la degradación ambiental. El país que invierta en activos naturales tendrá más posibilidades de prosperar."

Transcribo y copio el link.

El Espectador.com

"El modelo económico actual no es viable": Achim Steiner

Por: Pablo Correa

El director del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente habló sobre los retos de la economía verde.

Achim Steiner está convencido de que la prosperidad económica en el siglo XXI estará gobernada por la riqueza natural. /Cortesía Pnuma 
Achim Steiner está convencido de que la prosperidad económica en el siglo XXI estará gobernada por la riqueza natural. /Cortesía Pnuma


Achim Steiner, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, de paso por Colombia, calificó como un éxito la conferencia sobre el Convenio de Basilea que concluyó en Cartagena este fin de semana y en la que se adoptaron nuevas decisiones para el control y la eliminación de los desechos tóxicos transfronterizos.

¿Cuál fue el principal logro de la conferencia en Cartagena?

Posiblemente lo más importante fue la aprobación de una iniciativa, liderada por Suiza e Indonesia, que permitirá la entrada en vigor de la enmienda de prohibición que busca restringir los movimientos transfronterizos de desechos peligrosos provenientes de países desarrollados hacia países en desarrollo.

Hacerse cargo de la basura electrónica puede ser muy costoso para países en vías de desarrollo. ¿Qué propone el Pnuma?

En efecto, la basura electrónica es un problema que crece exponencialmente, no sólo en países industrializados sino en los que están en vías de desarrollo. Se estima que el volumen de computadores obsoletos en regiones en desarrollo excederá a los de países desarrollados entre 2016 y 2018. En 2002, bajo la Convención de Basilea, se implementó un convenio para la gestión de teléfonos móviles al final de su ciclo de vida y desde 2008 para los equipos de cómputo.

Usted ha trabajado en promover la economía verde. ¿Existen modelos distintos para los países desarrollados y en vías de desarrollo?

No hay una “solución para todos” cuando se habla de economía verde. En gran medida depende del desarrollo económico de cada país. En una nación como Uganda, que depende mayoritariamente de la agricultura, una decisión deliberada fue moverse hacia los cultivos orgánicos. Los análisis demostraron que decenas de miles de granjeros orgánicos no tenían que pagar por los altos precios de los fertilizantes y pesticidas, y estaban logrando un precio tres veces más alto de sus productos en mercados globales. Son muchos los ejemplos de cómo la economía verde encaja con distintos tipos de economía.

Colombia enfrenta difíciles dilemas, como sacar ventaja de su riqueza minera sin perder al mismo tiempo su capital natural. ¿Cual es el mejor camino?

El punto clave es contar con la información correcta para que los gobiernos, hombres de negocios y comunidades puedan tomar decisiones informadas. En el pasado, por ejemplo, el valor económico de la naturaleza era invisible en las cuentas nacionales de ganancias y pérdidas. Pero en el informe La economía de los ecosistemas y la biodiversidad, promovido por Naciones Unidas, se hizo evidente que se pierden trillones de dólares por la degradación y destrucción de los recursos naturales. No son sólo los ambientalistas los que están preocupados por la pérdida de recursos naturales. Una encuesta reciente realizada por Pricewaterhouse Coopers encontró que cerca del 30% de los CEO están “extremadamente preocupados” o “medianamente preocupados” por la pérdida de biodiversidad.

¿Todavía es optimista frente a la firma de un acuerdo global para luchar contra el cambio climático?

Sí. Aun cuando ha sido difícil encontrar una fórmula para hacer coincidir a los 190 países en un nuevo tratado legalmente vinculante, ninguna nación se ha alejado de las negociaciones. Quizás la clave es resistirse a la idea de que “nada está acordado hasta que todo está acordado” y moverse hacia áreas con amplia acogida como el programa de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD+). Algo crucial en Durban, Sudáfrica, el próximo mes, cuando se retomen las negociaciones, será avanzar en la creación del Fondo Verde y ofrecer opciones sobre cómo generar los US $100 mil millones por año de financiación para el 2020. Existen opciones a corto plazo que se pueden tomar para evitar que la temperatura se incremente más de dos grados centígrados.

¿Cree que sólo una tragedia global logrará convencer a todos de la realidad del cambio climático?

Muchas personas se están tomando el cambio climático en serio. El año pasado se invirtieron US$211 mil millones en energías renovables, mucho más que en nuevos combustibles fósiles. Los desastres naturales sirven para recordarles a los políticos y al público en general los riesgos que corremos si no detenemos el cambio climático.

Muchos economistas hablan de una nueva etapa del capitalismo. ¿Está de acuerdo?

El modelo económico de los últimos dos siglos, basado en el consumo sin pagar el costo de externalidades ambientales, simplemente no es viable en un planeta con 7 mil millones de personas. La economía verde provee análisis sobre cómo pueden crecer las economías, generar trabajos decentes y aun así mantener la huella humana dentro de los límites ecológicos.

¿Cuál sería su mensaje para los tomadores de decisiones en Colombia?

Que probablemente existan más oportunidades de desarrollar una economía en el siglo XXI basada en la sostenibilidad más que en la degradación ambiental. El país que invierta en activos naturales tendrá más posibilidades de prosperar.

viernes, 7 de octubre de 2011

El chocolate, en peligro de extinción por el cambio climático

Será que con ese dato ahora si nos preocuparemos por el tema del cambio climático? Generalmente lo asociamos a responsables como las actividades industriales contaminantes y a sus víctimas como especies de animales y vegetales que se estan viendo afectadas por este fenómeno. Pero nos hemos puesto a reflexionar, de donde provienen nuestros alimentos? Pues precisamente de dichas especies. 

Será que cuando eso pase nos acordaremos de este artículo o tal vez nos haya servido para darnos cuenta de que nuestra supervivencia depende de la supervivencia de las demas especies, pues todas y cada una cumple con una función en este planeta, entre ellas nos BRINDAN NUESTRO ALIMENTO. 

Que pasaria si los próximos titulares fueran:

El maíz, en peligro de extinción por el cambio climático.
El arroz, en peligro de extinción por el cambio climático.
El trigo, en peligro de extinción por el cambio climático.
La papa, en peligro de extinción por el cambio climático.
La naranja, en peligro de extinción por el cambio climático...........................

Los invito a leer este artículo en el siguiente link que copio y transcibo la nota.

 

"A mitad de este siglo el chocolate podría convertirse en un bien de lujo. Un informe de la Fundación Bill y Melinda Gates asegura que debido al cambio climático, en 2050 Ghana y Costa de Marfil, países que producen la mitad del cacao mundial, no tendrán más terrenos aptos para cultivar esta planta.



El estudio del Centro Internacional de Agricultura Tropical ha examinado 19 modelos climáticos distintos aplicándolos a las características de las plantas del cacao.

Según los resultados, con el aumento de 2,5 grados de la temperatura media prevista para el 2050, la casi totalidad de los terrenos que hoy están dedicados al cultivo del cacao no serán aptos para ello y la decadencia empezará ya en 2030, cuando la temperatura media global debería aumentar un grado.

«Ya estamos viendo los efectos del crecimiento de la temperatura en áreas marginales y con el cambio climático este problema aumentará progresivamente. En un momento en el que la demanda de chocolate está creciendo velozmente, particularmente en China, esto llevará antes o después a un aumento de precio», explica el autor del informe, Peter Laderach.

Entre las soluciones encontradas se encuentra el traslado de las plantaciones a una altura mayor, limitado por la llanura del territorio de África Occidental, el desarrollo de nuevas formas de riego y la selección de cepas resistentes al calor".

jueves, 6 de octubre de 2011

 Cuando se habla de Economia Verde y su relación de los recursos naturales, quisiéramos encontrar una guía que incluya las publicaciones más recientes y destacadas. Las Naciones Unidas se dió a la tarea y elaboró esta guía para facilitar a los lectores interesados en el tema familiarizarse y tener disponibles en línea los temas relacionados con el agua y la economía verde.

Es producida por el Programa de ONU-Agua para la Promoción y la Comunicación en el marco del Decenio (UNW-DPAC)


Descarga la guía en el siguiente link

Guía de lectura El Agua y la Economía Verde

jueves, 25 de agosto de 2011

Elegidos los mejores proyectos ambientales del año. Medicinas sacadas de escorpiones y un filtro hecho con residuos del arroz fueron los ganadores.

Interesantes desarrollos que dia a dia se adelantan en nuestro país y que deben hacernos reflexionar acerca de la importancia de la investigación en un pais tan biodiverso como el nuestro. Este tipo de investigaciones pueden generar desarrollo para nuestras comunidades.

Transcribo y copio el link


"Óscar Darío Beltrán Vélez, estudiante de ingeniería química de la Universidad Nacional de Medellín, y Angélica Sabogal Arango, quien adelanta estudios de biología en la Universidad Javeriana, de Bogotá, ganaron el Encuentro Juvenil Ambiental 2011, que premia los mejores proyectos ambientales liderados por universitarios.


Este galardón, que se ha convertido en uno de los más prestigiosos del país, es organizado por la multinacional alemana Bayer y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Los trabajos de los dos jóvenes fueron escogidos entre un centenar de propuestas de todo el país. En un primer paso, el jurado escogió 10 finalistas. Y ayer se dieron a conocer a los dos triunfadores que recibieron como premio un viaje a Alemania, donde además de conocer las instalaciones de Bayer, situadas en Leverkusen, participarán en un encuentro mundial de jóvenes que, como ellos, también están desarrollando ideas con enfoques ecológicos y sostenibles. Allí también recibirán conferencias y capacitación en el manejo de residuos y la protección ambiental.

Óscar Beltrán ganó con el desarrollo de un filtro que busca limpiar los vertimientos de aguas residuales que caen a los ríos, estrictamente aquellas que contienen tintes de la industria textil. Este filtro funcionaría con cascarilla de arroz, material que se encargaría de absorber los colorantes.

"Generalmente, la cascarilla de arroz ha sido un desecho, un residuo que los industriales queman, pero que ha alcanzado porcentajes de remoción de contaminantes superiores al 90 por ciento", explicó Beltrán.

Angélica Sabogal Arango, por su parte, está investigando los usos que puede tener el veneno de escorpiones y anémonas marinas para curar enfermedades como la esclerosis múltiple y el cáncer.

Los detalles de la investigación son altamente especializados, pero ella les da sustento al decir que se basan en la importancia de los servicios ecosistémicos que prestan estos organismos generalmente olvidados. La esclerosis es una enfermedad del sistema nervioso central por la cual resulta comprometida la habilidad de los nervios para conducir las órdenes que imparte el cerebro. Por eso, quienes la padecen (cerca de 2,5 millones de personas en el mundo) pueden sufrir parálisis en sus extremidades.

"Sabemos que el veneno del escorpión puede detener las causas que llevan a que una persona empiece a tener problemas para mover sus brazos o sus piernas debido a la esclerosis. Si alcanzamos un entendimiento en términos moleculares sobre cómo se da el reconocimiento de las neurotoxinas, que estos organismos implementan para cazar o defenderse, lograremos tener un mayor entendimiento sobre la relación entre las estructuras moleculares y sus actividades biológicas, que es uno de los desafíos más grandes que se presentan en la actualidad en el área de la biofísica y la bioquímica computacional y teórica", explicó."

miércoles, 20 de julio de 2011

10 ideas para reconstruir a Colombia

El tema de la tragedia invernal y de sus causas sera el protagonista por mucho tiempo, pero lo realmente importante es qué aprendimos de ella y qué podemos hacer para corregir los errores cometidos?  El Espectador sacó un buen artículo acerca de como se podria reconstruir a Colombia en lo Ambiental y consulto a 10 autoridades en el sector ambiental. Interesantes ideas y sobre todo, propuestas para hacer de nuestro país una nacion responsable en lo ambiental, cultural y social que redunde en un mejoramiento de la calidad de vida para todos. Es simplemente que nos hagamos la pregunta: ¿Cómo queremos a la Colombia del futuro?

Transcribo y copio el link



"10 ideas para reconstruir a Colombia
Por: Elespectador.com

¿Qué se debe hacer para evitar una tragedia ambiental? El Espectador les preguntó a 10 colombianos sobresaliente qué harían. Estas son sus ideas.

Expertos hablan sobre el tema.

Emergencia ambiental en Colombia

José Yunis

Representante para Colombia de The Nature Conservancy, una de las ONG ambientales más destacadas del mundo. Sus 18 años de experiencia profesional en leyes ambientales y políticas públicas también incluyen trabajo para el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, la Autoridad de Parques Nacionales. Su idea: reducir la ganadería extensiva y aumentar la riqueza pesquera.

Cerca del 40% del territorio nacional, esto es aproximadamente 38 millones de hectáreas, está dedicado a la ganadería extensiva. Una ganadería ineficiente, que se lleva a cabo sin preguntarnos qué tanto vale la pena, sin considerar siquiera si los ecosistemas donde pastan las vacas son apropiados para esta tarea o podrían tener mejor uso. Basta con una visita a los páramos colombianos para descubrir que las pisadas del ganado destruyen el frágil equilibrio de especies que capturan el agua, riegan las montañas y abastecen nuestros acueductos.

La ganadería extensiva, sin control, al vaivén de los caprichos de pequeños, medianos y grandes comerciantes es responsable de buena parte de la pérdida de biodiversidad en Colombia. Es un exabrupto tener una vaca ocupando tres o más hectáreas. Puesto en otras palabras, destruimos tres hectáreas de selva con todas las diferentes especies y árboles para obtener 400 ó 500 kilos de carne. ¡Por favor! Hay mejores técnicas productivas, herramientas para incrementar la productividad.

Por esto reducir a 12 ó 13 millones de hectáreas el territorio asignado a esta actividad económica es una tarea inaplazable si queremos conservar nuestra mayor riqueza como país: la biodiversidad. Se trata, por supuesto, de una idea polémica. Muchos ya se estarán preguntando cómo reemplazar el aporte de proteínas de la carne en la dieta de los colombianos.

La respuesta está en la cuenca del gran río Magdalena que incluye el río Cauca. Tenemos que devolver la pesca a estos grandes brazos de agua. ¿Alguien recuerda la subienda? Por cuenta de la contaminación, la sobreexplotación y la destrucción de ecosistemas perdimos una producción de pesca natural que alguna vez nos entregó hasta 80.000 toneladas de pez al año. Hoy, las redes de los pescadores no sacan más de 8.000 toneladas de peces, que además de estar contaminadas con peligrosos metales pesados, tiende a seguir en franca caída. Lo más grave de todo esto es que Colombia tiene un promedio de pesca paupérrimo de 200.000 toneladas al año incluyendo mar y ríos.

Devolver la pesca al río Magdalena no es sólo ético, sino económicamente razonable y rentable. ¿Cómo hacerlo? Simple control y vigilancia para el manejo del recurso. No es más, no es menos. No puedo evitar pensar que es una de las mayores estupideces de nuestra historia que desequemos las ciénagas de la depresión momposina para poner vacas y no desarrollar su potencial pesquero. Puede ser que esto beneficie a algunos grupos, pero es claro que no beneficia a Colombia.

Entendamos y respetemos nuestros ríos. Es, además, la mejor forma para protegernos de tragedias como las que vivimos por cuenta de la ola invernal. Dejemos ya esa sempiterna costumbre de buscar el ahogado aguas arriba.


Cristian Samper

Director del Museo de Historia Natural del Smithsonian en Washington. Biólogo y creador de una red de más de 200 reservas en Colombia. Diseñó un programa de educación ambiental que se aplica en más de 10.000 escuelas. Colaboró en la creación del Ministerio de Medio Ambiente. Su idea: desarrollar mercados para los servicios ambientales.

La tragedia que afectó miles de familias en la Costa Caribe este año se hubiera podido evitar. El problema surgió cuenca arriba y tiempo atrás. Durante los últimos dos siglos hemos talado la mayor parte de los bosques andinos de las cuencas altas en los ríos Cauca y Magdalena y hemos drenado los humedales del Caribe para dar paso a cultivos y ganadería. Ambos cumplen una función importante en la regulación de los caudales de los ríos en épocas de lluvia. Colombia parece un camarón y se lo está llevando la corriente.

Pero si en Colombia llueve, en Estados Unidos no escampa. Las recientes inundaciones en la cuenca del río Misisipi también desplazaron a miles de familias. Las fuertes lluvias en las cabeceras del río resultaron en los niveles históricos mas altos registrados cuenca abajo, que llevaron a abrir represas y taludes, inundando miles de hectáreas de cultivos. Estos errores salen caros. En la Florida se adelanta un gigantesco proyecto para restaurar los humedales de los Everglades, restituyendo los flujos de agua naturales, deshaciendo los errores del pasado, a un costo superior a los US$7.000 millones.

Es hora de cambiar el modelo de desarrollo, para evitar que la historia se repita. Es hora de emprender la reconstrucción ambiental de Colombia y de usar la enorme riqueza ambiental para el bienestar de la gente. Esta agenda debe incluir al menos cuatro elementos principales:

Primero, la conservación y restauración de ecosistemas naturales. Estamos a tiempo para preservar remanentes importantes de bosques, páramos, sabanas naturales, costas y mares. En zonas como el Caribe y la Sabana de Bogotá, la tarea requiere de la restauración de humedales y bosques que han desaparecido.

Segundo, debemos avanzar en el conocimiento de la biodiversidad y sus servicios ambientales. Colombia representa menos del 1% de la superficie del planeta y contiene más del 10% de la biodiversidad. Pero todavía no la conocemos, mucho menos qué tan rápido la estamos perdiendo o cómo esta riqueza se puede ver afectada por fenómenos como el cambio climático.

Tercero, debemos evaluar y valorar los servicios ambientales de la biodiversidad. Estos servicios incluyen alimentos y medicinas, pero también incluyen la regulación de cuencas y la productividad de los suelos. Debemos evaluar estos servicios y usar esta información en los planes de ordenamiento territorial.

Cuarto, debemos desarrollar los mercados para estos servicios ambientales. los pueblos y ciudades de Colombia dependen de las cuencas para su desarrollo, pero en muchos casos no se reconocen ni pagan estos servicios. Por fortuna, ciudades como Bogotá están pagando por el uso del agua que proviene del Parque Nacional Natural de Chingaza. Pero existen otros mercados que debemos aprovechar, como son el mercado del carbono para mitigar el cambio climático o los productos biotecnológicos para salud y alimentación.

Colombia y sus regiones se están beneficiando de la bonanza minera y petrolera, pero esta es una solución a corto y quizá mediano plazo. La verdadera riqueza de Colombia está en sus recursos naturales y es hora de usarlos sabiamente. Es hora de conocer, conservar y comerse el camarón, antes de que se lo lleve la corriente del desarrollo.


Margarita Astrálaga

Actual directora para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Bióloga de la Universidad de los Andes. Vivió en Nairobi, Kenia, donde estuvo a cargo del Programa de Mares Regionales de América Latina. En Suiza trabajó en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre. Su idea: Conservar ecosistemas, un seguro contra los riesgos.

No hay duda de que las inundaciones, las sequías y las tormentas son fenómenos naturales. Pero detrás de ellos es habitual encontrar, en mayor o menor medida, la mano del hombre. La Evaluación Global sobre la Reducción de Riesgos de Desastres de 2009 relacionaba estos fenómenos con los llamados “motores de riesgo”: la urbanización excesiva, una gobernanza urbana deficiente, la vulnerabilidad de los medios de vida rurales o la degradación de los ecosistemas. Son factores que pueden provocar sufrimiento humano a escala masiva y pérdidas económicas incalculables.

La gestión de riesgos relacionada con la pobreza en un clima cambiante requiere un cambio urgente en las políticas actuales de desarrollo, con un nuevo enfoque hacia la conservación y restauración de los ecosistemas y la prevención de desastres naturales.

Colombia comparte con gran parte de América Latina un escenario común de riesgos, pero también de soluciones. Se consideran indispensables el ordenamiento territorial y el reasentamiento de la población en áreas de bajo o ningún riesgo, y la promoción de actividades productivas sostenibles y adaptadas a los efectos esperables del cambio climático. Ya no hay excusa. La falta de prevención tiene consecuencias dramáticas, que suelen pagar los más débiles.

Es igualmente urgente la recuperación y la buena gestión de cuencas, así como la realización de proyectos sociales de gestión ambiental, y reducción de pobreza. Ninguna de estas medidas es posible sin antes fortalecer la gobernanza ambiental y el marco institucional tanto a nivel nacional como regional. No es suficiente tener buenas leyes, si no hay un sistema adecuado de rendición de cuentas y supervisión de su cumplimiento, y de sanción en caso contrario.

Cada vez son mayores las evidencias del papel de los ecosistemas como continuos generadores de beneficios para la naturaleza y la sociedad. Un ecosistema sano y bien gestionado no sólo mitiga los efectos de las catástrofes naturales, sino que facilita la recuperación posterior.

Los ecosistemas forestales y los humedales en particular tienen un papel fundamental en la prevención y mitigación de los desastres naturales, como las inundaciones. Los humedales funcionan como esponjas y los bosques absorben la humedad, para después liberarla lentamente.

Como si de pilares naturales se tratara, los árboles contribuyen a sostener el terreno, a fijarlo para frenar la erosión, lo que reduce las posibilidades de aludes de tierra. En la costa, los manglares también actúan como parapeto frente al viento y disminuyen el impacto de las tormentas tropicales en las zonas costeras.

Estos ecosistemas también dan cobijo, alimento, empleo, medicinas, energía y seguridad a billones de personas en todo el mundo. De acuerdo con la FAO, en 2006, por ejemplo, la contribución de la industria forestal al Producto Interno Bruto global fue de 1% —468 miles de millones de dólares—.

Desafortunadamente, el ser humano destruye 13 millones de hectáreas de bosques tropicales anualmente, una superficie como la de Grecia. En la última década, la mayor pérdida neta de bosques se ha producido en África y América del Sur.

Es fundamental que los tomadores de decisiones adopten y apliquen políticas que permitan una adecuada gestión ambiental, revirtiendo la deforestación, asegurando la conservación y el manejo y uso sostenible de los ecosistemas; y promoviendo la movilización de inversiones, tanto públicas como privadas, que garanticen un desarrollo con mayor equidad del que se beneficien no sólo ésta, sino también las próximas generaciones. Igualmente importante es que la ciudadanía esté bien informada, ya que lo que está en juego es su presente y su futuro. El camino hacia el desarrollo sostenible se hará más corto si transcurre al abrigo de nuestros ecosistemas.

 
Julio Carrizosa

Ingeniero civil de la U. Nacional y máster en Administración Pública de la U. de Harvard. Exdirector del Instituto de Estudios Ambientales. Miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su idea: disminuir la presión de la población en la región andina.

El conjunto de ecosistemas que llamamos Colombia, más de 300, es extremadamente complejo —muchas variables, muchas interrelaciones— y por eso es difícil predecir sus cambios. La sociedad colombiana es, en cambio, demasiado simple: mal educada, amiguera, racista, segregada, estratificada; las personas que toman las grandes decisiones son muy pocas.

El Gobierno ha acertado al calificar la crisis como ecológica, económica y social. Es cierto que ha sido desatada por cambios climáticos globales, pero buena parte de los daños que han causado estos cambios se deben a errores humanos: ciudades construidas en las laderas de las cordilleras o sobre pantanos y humedales, bosques convertidos en potreros, cultivos en grandes pendientes y sin sombrío, ciénagas desecadas, concesiones mineras sin evaluación ni control, contaminación intensa de los ríos, etc.

Esta situación no se puede mejorar con soluciones simples; la reconstrucción debería empezar por una rehabilitación ecológica del territorio, seguida por modificaciones en la red de ciudades, ambas cosas acompañadas y apoyadas en inversiones importantes en investigación y formación ambiental. La rehabilitación de los ecosistemas afectados en las regiones andina y caribe no es una tarea sencilla ni barata.

Construir millones de viviendas para gentes sin suficientes recursos económicos requiere establecer una política de poblamiento del territorio, seleccionar los municipios en donde son más sostenibles los procesos de urbanización, introducir cambios en las políticas y en las estructuras sectoriales de producción y empleo e innovaciones significativas en el diseño y la planificación urbana.

Hacer todo eso es muy difícil en un país pobre y agobiado por conflictos éticos y políticos. Si sólo se pudiera hacer una cosa, aconsejaría tratar de disminuir la presión de la población en la región andina mediante la construcción de una o dos ciudades en la costa caribe en sitios de poca importancia ecológica, diseñadas para que sean ejemplo de convivencia, integración social, ahorro de recursos y calidad de vida. Con suerte esto sería una solución para muchos desempleados y desplazados, un alivio para las ciudades y ecosistemas andinos y un ejemplo de desarrollo razonable y equitativo.

 
Gustavo Wilches-Chaux

Estudió administración de desastres en Oxford. Dirigió el programa de autoconstrucción comunitaria de vivienda popular adelantado por el Sena después del terremoto que destruyó Popayán en 1983. Fue director de Funcop y de la organización ambiental Ecofondo. Miembro fundador de la Red de Estudios Sociales sobre Desastres en América Latina. Su idea: aprender de las comunidades.

En muchas regiones de Colombia las comunidades tienen claras las estrategias para la recuperación de sus territorios con posterioridad al desastre invernal y para su adaptación al cambio climático. Tal es el caso de las comunidades ligadas a la organización Asprocig (Asociación de Productores para el Desarrollo Económico del Bajo Sinú), que en su cotidianidad mantienen vivas las estrategias que permitían que para la cultura Zenú las inundaciones no fueran sinónimos de desastres sino fuentes de vida.

¿Por qué fueron insuficientes esas estrategias frente al desastre invernal? Porque la magnitud de las inundaciones fue muy grande, sí. Pero, sobre todo, porque la manera como se ha venido entendiendo y ejecutando el “desarrollo” ha herido de manera grave la capacidad de autorregulación del territorio.

En resumen, se han construido diques y se han desecado miles de hectáreas de humedales y ciénagas, quitándoles a los ríos los “dobladillos” que les permiten crecer sin consecuencias desastrosas; se han desplazado comunidades obligándolas a “urbanizarse” y a ocupar porciones del territorio que pertenecen al agua. Al territorio se le han impuesto megaproyectos y grandes obras de infraestructura que para nada consultan ni las dinámicas de la naturaleza ni los intereses de las comunidades locales.

¿Cuál es la clave, entonces, para la recuperación de esas zonas y para su adaptación al cambio climático? Sencillamente, reconocerles a las comunidades de la región el derecho a participar eficazmente en las decisiones que las afectan. Fortalecer las estrategias surgidas desde la base social y elevarlas a políticas públicas. O por lo menos no obstaculizarlas ni destruir la base ecológica y cultural. Reconocer que la biodiversidad ecológica y cultural de la región es su principal recurso para la adaptación.

En un escenario global de cambio climático, el país más competitivo será el que les garantice a sus habitantes el derecho fundamental al agua; capacidad para absorber sin traumatismos los cambios del clima; seguridad, soberanía y autonomía alimentaria, y una razón compartida para existir. Es decir, el derecho a la identidad ligada a un territorio concreto. Una recuperación mal enfocada puede ser peor para esas comunidades y para el resto del país que el mismo desastre invernal.
 
Brigitte Baptiste

La actual directora del Instituto de Investigaciones Biológicas Alexander von Humboldt es bióloga, exbecaria Fulbright, con una maestría en Estudios Latinoamericanos de la U. de Florida, un doctorado en Ciencias Ambientales de la U. Autónoma de Barcelona. Su idea: un modelo económico basado en la biodiversidad.

La búsqueda de conciencia de Colombia como un país megadiverso es la respuesta para asumirnos con una identidad global única, con un modelo de desarrollo propio y unas capacidades y potencialidades diferentes a las de los demás países.
 
Dentro del país, un proyecto de reconocimiento de la contribución local a esa megadiversidad dinamizaría las regiones y también les daría fundamento a formas de habitar y producir ecológica y económicamente sostenibles: en vez de reproducir esquemas de competitividad que copian los errores y las generalidades de los modelos simplistas globalizados, se recurriría a formas de habitar, producir y gobernar consecuentes con el carácter único de cada lugar, capaces de incorporar y proyectar el patrimonio natural y cultural propios.


En vez de construir balnearios turísticos de playa y sol idénticos a los que ofrecen todos los países ecuatoriales, por ejemplo, deberíamos promover inversiones en proyectos realmente ecológicos donde la fauna, la flora, el paisaje y las tradiciones locales se conviertan en el fundamento de las actividades productivas: redes de reservas privadas o comunitarias ofreciendo sitios para la observación de aves, para reconocimientos paisajísticos únicos, para experiencias compartidas de vida con pueblos indígenas.
 
Redes de productores locales con capacidad de participar en mercados globales de alimentos limpios, redes de industrias forestales o acuícolas certificadas. Y primero, la conciencia de que esa diversidad es la garantía de un bienestar que no tiene precio, ni cómo medirse o compararse con el de otras personas en términos monetarios, porque la vida es única y diferente en cada parte del mundo. Esa cualidad se consigue mediante un cambio sencillo en los currículos educativos y un sistema que promueva la complementariedad económica en vez de la competitividad como único mecanismo de regulación.

Germán Poveda

En 2010 fue nombrado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la máxima autoridad en temas relacionados con este fenómeno, como autor del V Reporte del Panel para el capítulo sobre América Latina. Es docente de la Facultad de Minas de la U. Nacional sede Medellín. Su idea: establecer un programa permanente de investigación sobre hidrología de Colombia.

La reconstrucción es necesaria y hay que enfrentarla ya. Pero implica una actitud reactiva a tragedias anunciadas. Desde hace casi dos décadas sabemos que las temporadas de lluvias en Colombia se intensifican durante La Niña. La investigación que hemos hecho ha contribuido a explicar los mecanismos físicos por los cuales se agrava la temporada invernal en Colombia durante La Niña. Y sabemos que tal situación está siendo exacerbada por el cambio climático, una realidad que ya está aquí para quedarse por varios siglos. Y, además, la deforestación acelerada de nuestras cuencas contribuye a causar y agravar las inundaciones.

Es necesario establecer políticas y programas proactivos en lugar de reactivos (más costosos en todo sentido). Es obligatorio implementar un programa integral para el manejo de agua en Colombia. Para ello es necesario definir una agenda de investigación que proporcione el mejor conocimiento científico que sirva de base para la toma de decisiones y para garantizar que el aprovechamiento de los recursos naturales se haga de manera sostenible y en consonancia con el bienestar de la sociedad.

Por mi parte, continuaré trabajando para ayudar a cerrar la brecha que existe entre la investigación y la toma de decisiones y la construcción de políticas públicas. Seguiré insistiendo en los foros académicos y en los medios de comunicación que estén a mi alcance. Ante tanta tragedia es antiético e irresponsable permanecer impávidos. Es imperativo y urgente que el Gobierno lidere y financie la creación de un programa nacional de investigación alrededor de los temas del agua (como recurso y como amenaza), así como de las consecuencias del cambio climático y de la deforestación.

Esa agenda de investigación debe estudiar la línea base del recurso, los retos impuestos por la variabilidad hidro-climática, evaluar adecuadamente los riesgos y la vulnerabilidad ante eventos hidro-meteorológicos extremos máximos y los extremos mínimos,; asegurar el acceso a agua limpia y garantizar vertimientos sanos. Debemos conocer a fondo la contaminación de corrientes, cuerpos de agua y acuíferos y las posibilidades de aprovechar el agua procedente de distintas fuentes o de distinto tipo. No se puede dejar de lado la relación entre el agua y la ocupación del territorio.

Tan sólo el conocimiento sólido de nuestros ríos nos permitirá legislar, gobernar y regular adecuadamente la riqueza hídrica de Colombia.

Arturo Escobar

Antropólogo y profesor en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Ha enseñado en varias universidades de los Estados Unidos y realizado trabajos de campo en el Pacífico colombiano, junto con comunidades negras. Recibió el título de "Kenan Distinguished Teaching Professor of Anthropology". Su idea: transición a una sociedad ecológica.

La Colombia de hoy es una Colombia de devastación. Las décadas del “desarrollo” sólo han exacerbado la desigualdad social, la concentración de la tierra, la injusticia, la violencia, la dependencia y la destrucción ambiental. Las llamadas locomotoras del desarrollo económico y el Tratado de Libre Comercio sólo lograrán profundizar estas tendencias.

La Colombia del futuro requiere de un modelo radicalmente diferente; tiene que romper con los imaginarios caducos de los siglos 19 y 20 (“progreso”, “desarrollo”, “modernidad”, “crecimiento material”). Dado que la crisis ambiental y social es global, hay que reimaginarse a Colombia pensando ecológica y políticamente con América Latina y el mundo (especialmente los debates sobre el Buen Vivir y los derechos de la naturaleza), en vez de adaptándose a la fuerza de la “globalización’.

Esto implica pensar en una verdadera transición ecológica y cultural hacia una sociedad muy diferente. Muchos visionarios nos hablan de las características de estas transiciones: la reestructuración de la producción de los alimentos con base en la descentralización, el cultivo orgánico y la biodiversidad; la democracia participativa; las autonomías locales; el uso menos intenso de los recursos; la reducción del consumo de energía y fuentes alternativas de ésta; y las economías sociales y solidarias. Pospetróleo, poscarbono, poscapitalismo, posextractivismo, posdesarrollo son algunos de los imaginarios emergentes. En sus formas más avanzadas, estas narrativas nos hablan de un cambio de modelo civilizatorio.

No es tan difícil imaginarse estos mundos diferentes. Imaginémonos por ejemplo un Valle del Cauca sin caña de azúcar y ganadería extensiva, lleno de pequeñas y medianas fincas dedicadas al cultivo agroecológico de frutales, hortalizas, granos, animales, etc., orientadas hacia los mercados regionales y nacionales, y sólo de forma secundaria a la exportación.
 
Durante más de dos siglos, este impresionante Valle ha sido sistemáticamente empobrecido ambiental, social, y culturalmente por una élite insensible y racista, que se ha enriquecido inmensamente para su propio beneficio; como se sabe, la caña agota las tierras, las aguas y las gentes (en especial la gente negra) y la ganadería extensiva ha desnudado montes y laderas. En el nuevo Valle se restaurarían los paisajes, se erradicaría la pobreza, muchos que aún quieren tener tierra la tendrían, decrecerían las ciudades y se repoblarían campos y poblados, resurgiría la cultura, se lucharía abiertamente contra el racismo y el sexismo, y todos tendrían acceso a educación de buena calidad y a las tecnologías de la información. Podemos hacer un ejercicio de la imaginación similar con cualquiera otra región del país. El Pacífico, por ejemplo, como lo visualizan los movimientos de afrodescendientes e indígenas, sería un Territorio-Región intercultural con comunidades integradas al medio ambiente, “sin retros, ni coca, ni palma”, como dicen los activistas.

La Colombia del futuro se debe pensar de abajo hacia arriba. Hay, sin duda, requisitos básicos para ello: una redistribución radical de la tierra, una política de convivencia intercultural basada en el fortalecimiento cultural y social de las comunidades, políticas de ciencia y tecnología plurales que se surtan de los múltiples conocimientos y concepciones de vida, e infraestructuras de apoyo en cada localidad y región. Gracias a las visiones sobre la transición, lo imposible se vuelve pensable; lo pensable, realizable. Surgirá otra “Colombia”, ecológica y plural, a medida que deja atrás ese llamado desarrollo que hoy la devasta.

Manuel Rodríguez

Fue el primer Ministro de Medio Ambiente que tuvo Colombia. Presidente del Foro de Bosques de las Naciones Unidas en 1996-1999 y 2004-2005 y miembro de la Comisión Mundial de Bosques y Desarrollo Sostenible. En 1997 contribuyó a la creación del Foro Nacional Ambiental, una alianza de organizaciones ambientalistas. Su idea: un reajuste de la tasa del uso del agua.

La reciente tragedia invernal hizo evidente el deterioro y destrucción de diversos ecosistemas críticos para la regulación del agua —páramos, bosques protectores de las cuencas hidrográficas y humedales— y el imperativo de restaurarlos.
 
¿Pero dónde está la plata para financiar esta monumental tarea de largo plazo que debe iniciarse de inmediato? ¿Acaso hay que recurrir a la asignación de recursos de emergencia de las arcas públicas o a la caridad de los cacaos y otros filántropos nacionales o internacionales? Seguramente estos expedientes no sobrarían, pero ante todo debemos recurrir a la implementación plena de viejas ideas consagradas en la ley y no tratar de reinventar la pólvora.
 
Según un juicioso estudio del economista Guillermo Rudas, un reajuste de la tasa del uso del agua, establecida en el código de los recursos naturales de 1974, pasándola de setenta centavos (que la hace gratis en la práctica) a siete pesos por metro cúbico, produciría $150.000 millones al año. ¿No es, acaso, grotesco que el Acueducto de Bogotá pague a Parques Nacionales la irrisoria suma de 200 millones de pesos al año por el suministro del 80% del agua de la ciudad que procede de Chingaza, unos recursos absolutamente insuficientes para proteger este ecosistema? ¿Por qué diablos hay que regalar el agua a las empresas agroindustriales, permitiendo, así, que no paguen por la protección de los ecosistemas que les proveen el precioso líquido? Pero la tasa de uso no solamente produciría nuevos recursos para la protección de las cuencas, sino que incentivaría a los usuarios a hacer mejor uso del agua.
 
Si los municipios y departamentos destinaran el 1% de su presupuesto a la protección y restauración de las cuencas que abastecen el agua a los acueductos municipales, tal como lo obliga la ley desde 1993, se producirían recursos adicionales por $500.000 millones al año. En los dieciocho años de vigencia de esa norma, según la Contraloría General, solamente se han destinado a este fin irrenunciable el 16% de los recursos potenciales. ¡Sí que nos han faltado un Contraloría y unos ministerios de Hacienda y del Ambiente que hagan cumplir la ley!

Son dos políticas establecidas de tiempo atrás que se han implementado parcialmente, con el inocultable y escandaloso fin de proteger poderosos intereses. Allí se encuentran $650.000 millones potenciales al año (equivalentes al 40% del presupuesto del Sistema Nacional Ambiental), que si se invierten con eficacia (o no se los roban), podrían contribuir a subsanar los daños que se han perpetrado a nuestro medio ambiente y a hacer el país menos vulnerable a las inevitables y crecientes olas invernales y sequías que el calentamiento global y La Niña-El Niño nos deparan.

Margarita Marino

Antropóloga y filósofa. Exdirectora del Inderena. Perteneció a una de las comisiones mundiales sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas. Fue asesora de la Comisión para la Educación del Siglo XXI de la Unesco. Su idea: un Consejo Permanente de Sostenibilidad.

Lo que nos enseña la actual emergencia es que el desarrollo tiene que rediseñarse dentro de las realidades ambientales. La crisis devela, entre otras cosas, una reiterada ocupación equivocada del territorio, una marcada ausencia de conocimientos y valoración de nuestros ecosistemas y el desconocimiento ciudadano de los derechos ambientales.

Sin negar que las decisiones ambientales son asuntos de poder, lo que es claro es que la prosperidad estable sólo puede ser alcanzada aquí y en todo el mundo si los ecosistemas esenciales y el ambiente son salvaguardados. En este tránsito hacia el desarrollo sostenible hay que desafiar antiguos conceptos y proponer nuevos paradigmas.

De hecho, una visión simplificada de los temas ambientales resulta en efectos que empobrecen a comunidades y culturas. Por ejemplo, la política de minería que tiene en cuenta únicamente el factor de inversión y precios sin considerar el agotamiento de los recursos, la restauración, los cambios en el territorio y en la vida de los pobladores, resulta, como se ha demostrado, en el empobrecimiento ambiental y social.

En estos tiempos, habría que plantearse proyectos urgentes de restauración ecológica, la reubicación de poblaciones en riesgo, los cinturones verdes alrededor de las ciudades, el apoyo a la seguridad alimentaria, la defensa de los páramos, el reforzamiento del monitoreo, controles y sanciones a las extracciones de recursos y proyectos de infraestructura. La reorganización de las capacidades institucionales y su articulación con las instituciones académicas, organismos sectoriales y regionales (las reformas de las CAR), pero sobre todo la responsabilidad de los ambientalistas en enriquecer las propuestas ambientales en la nueva ley de ordenamiento territorial, que debería llamarse la ley de asentamientos y uso del territorio.

Ocurre que nada de esto puede hacerse sin conocimientos, ni ciencia, ni experiencia. Mi sugerencia principal sería la de un impulso nuevo y decidido de apoyo y difusión de la ciencia y promoción de las innovaciones ambientales y un Consejo Permanente de Sostenibilidad, que se organice bajo la tutela de la Academia de Ciencias, que promueva inventarios regionales de patrimonio natural, que analice e influya en las decisiones de la política, dirima los conflictos sobre el uso de los recursos presentando los argumentos científicos para su defensa."



martes, 21 de junio de 2011

Los oceanos estan en gran riesgo de entrar en una fase de extincion de especies marinas sin precedentes en la historia de la humanidad



Definitivamente no es una simple noticia, si la pronunciamos de nuevo en voz alta "Un panel internacional de expertos marinos advierte que los oceanos estan en un alto riesgo de entrar en una fase de extinción  de especies marinas sin precedentes en la historia de la humanidad"  nos debe colocar en estado de alerta inminente, pues los oceanos son la base de muchos de los servicios ecosistémicos de los cuales nos beneficiamos todos: alimentación, materias primas, diversidad genetica, servicios culturales, entre otros.

El 51% del territorio colombiano es marino y esta alarma nos debe generar inquietudes acerca del estado actual y al que se enfrentarán si no dimensionamos las consecuencias de las intervenciones humanas. El panel concluyo:

• La combinación de factores estresantes en los oceanos estan creando las condiciones asociadas con anteriores extinciones de especies en la historia de la Tierra. 
• La velocidad y la tasa de deterioro en los oceanos es más rapida que cualquier otra que se haya predecido
• Muchos de los impactos negativos identificados previamente son mayores que las peores predicciones.
• Aunque es dificil estimar debido a la velocidad sin precedentes de los cambios, los primeros pasos para una extinción global significante pueden haberse iniciado con un incremento en la extinción de especies marinas amenazadas tales como los arrecifes de coral. 


Los panelistas revisaron investigaciones a nivel mundial y encontraron firme evidencia que los efectos del cambio climático, junto con otros impactos derivados de las actividades humanas tales como sobrepesca, ha causado un gran deterioro en la salud e los oceanos. 

"El incremento de hipoxia (bajos niveles de oxígeno), y anoxia (ausencia de oxigeno) - conocidas como zonas oceanicas muertas - combinadas con el calentamiento del océano y su acidificación son los 3 factores que han estado presentes en cada extincion masiva en la historia de la Tierra. " Si el daño continua es inevitable una nueva extincion afirman los expertos.

El reporte hace una serie de recomendaciones y llamado a los estados y organizaciones para conservar los ecosistemas marinos y la urgencia de manejar adecuadamente los oceanos: 
  • Reducción inmediata en los niveles de emisión de CO2.
  • Acciones urgentes para restaurar la estrctura y funciones de los ecosistemas marinos.
  • Implementar adecuada y universalmente el principio de precaución.
  • Introducir una gobernabilidad efectiva de los océanos.
Hay un Resumen Ejecutivo en Ingles, el reporte sera lanzado posteriormente. A continuación los links para acceder a los documentos. Les recomiendo visitar la página WEB, hay estudios de caso sobre acidificación, contaminación, entre otros.





viernes, 10 de junio de 2011

El Reino Unido es el primer país que le pone precio a su medio ambiente


La valoración económica de los ecosistemas y de la biodiversidad es un tema en el cual se precisan rápidos avances a nivel mundial. Son pocos los países que llevan la delantera en el tema tales como Chile, Noruega, Indonesia y es importante priorizar recursos para su investigación.

Esta nota publicada en la BBC nos ilustra acerca del proceso que adelanta el Reino Unido en cuanto a valoración económica de ecosistemas y biodiversidad. Se encuentran datos interesantes: 



"Los beneficios de salud que resultan de vivir cerca de espacios verdes, por ejemplo, son superiores a los US$400 por persona por año, de acuerdo al documento. 

Los insectos polinizadores representan beneficios cercanos a los US$700 millones y los humedales, de los que depende la calidad del agua, superiores a los US$2.000 millones.

El informe, que se titula Evaluación Nacional de Ecosistemas (NEA, por sus siglas en inglés), fue bien recibido por organizaciones ambientalistas, pero la clave, aseguran, es que los datos tengan influencia en las políticas públicas. El estudio, de 2.000 páginas, fue comisionado por el gobierno británico y contó con la participación de cerca de 500 académicos."


Abajo encontrarán los links del sitio WEB de la evaluación nacional de ecosistemas, donde podrán descargar el resumen ejecutivo y tambien el informe completo. Quiero resaltar algunos puntos clave que mencionan:

  • La naturaleza, su biodiversidad y sus ecosistemas, son criticamente importantes para nuestro bienestar y prosperidad económica, pero son subvalorados en los análisis económicos convencionales y en la toma de decisiones. 
  • Los ecosistemas y servicios ecosistémicos, y la manera como la población se beneficia de ellos, han cambiado marcadamente en los ultimos 60 años, dados por los cambios en la sociedad.
  • Los ecosistemas del Reino Unido ofrecen algunos servicios actualmente, pero otros permanecen en un decline de largo plazo.
  • La población del Reino Unido continuará creciendo, y sus demandas y expectativas continuaran evolucionando. Esto incrementará la presión sobre los servicios ecosistemicos en un futuro donde el cambio climático tiene un gran impacto tanto aqui como a nivel mundial.
  • Las acciones y decisiones que se tomen ahora tenrán consecuencias futuras para los ecosistemas, los servicios ecosistémicos y el bienestar humano. Es importante entenderlo, para tomar las mejores opciones, no solo para nuestra sociedad sino también para las futuras generaciones. 
  • Un direccionamiento hacia el desarrollo sostenible requiere una combinación apropiada de leyes, tecnología, inversión financiera y educación, asi como cambios en el compartamiento individual y social y la adopción de un manejo integral de los ecosistemas mas que el manejo sectorial convencional.





sábado, 28 de mayo de 2011

La Humanidad puede y debe vivir con menos

Es un reto, muchos diran que no es necesario ahorrar recursos, que todavía tenemos, pero aunque queramos tapar el sol con un dedo es nuestra realidad. Día tras día, en la medida que hay mayor interés en el tema ambiental como eje fundamental para la sostenibilidad, encontramos investigaciones, reportes y estudios que nos hacen ver lo limitados que son los recursos y lo afectados que están, mas aún con una población en constante crecimiento.

Uno de los términos que se pondrá de moda en el tema ambiental es DECOUPLING o DESACOPLAMIENTO, que se emplea en el sector económico y en el sector ambiental, en el contexto de producción económica y calidad amiental. 

Así, se refiere a la habilidad de que una economía crezca sin incrementar la presión ambiental. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente - PNUMA lanzó el reporte " Decoupling natural resource use and enviromental impacts from economic growth".

Encontré esta excelente reseña del reporte en ecoestrategia.com, transcribo y copio el link


Reporte (Ingles)

Hechos y cifras (Ingles) 

Naciones Unidas, 27/5/2011, (Ecoestrategia).- Para 2050, la humanidad podría devorar alrededor de 140 millones de toneladas de minerales, combustibles fósiles y de biomasa al año (tres veces su apetito actual) a menos que la tasa de crecimiento económico sea “separada” de la tasa de consumo de recursos naturales, advirtió un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). 
 
Este nuevo informe del Panel Internacional de Recursos del PNUMA, el cuarto de una serie, se dio a conocer este mes en Nueva York en el marco de la reunión anual de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, en la que el consumo y la producción sostenibles son temas clave. Actualmente, los ciudadanos de los países desarrollados consumen en promedio 16 toneladas per cápita de los cuatro recursos claves antes mencionados (en un rango que alcanza hasta 40 o más toneladas por persona en algunos países desarrollados). En comparación, una persona promedio en India consume cuatro toneladas por año.

Con el crecimiento de la población y la prosperidad, especialmente en países en desarrollo, la expectativa de niveles mucho más altos de consumo de recursos va “mucho más allá de lo sostenible” si se tiene en cuenta que todos los recursos del mundo son finitos, advirtió el informe del Panel Internacional de Recursos del PNUMA. De hecho, el mundo se está quedando sin fuentes baratas y de alta calidad de algunos materiales esenciales como el petróleo, el cobre y el oro, cuyos suministros requieren, a su vez, volúmenes, cada vez más altos, de combustibles fósiles y de agua dulce para su producción. 

Mejorar la tasa de productividad de los recursos (“hacer más con menos”) de manera más rápida que la tasa de crecimiento económico es la idea atrás del concepto de “desacoplamiento”, indicó el panel. Ese objetivo, sin embargo, exige un replanteamiento urgente de los vínculos entre el uso de los recursos y la prosperidad económica, respaldada por una inversión masiva en innovación tecnológica, financiera y social, hasta al menos congelar el nivel de consumo per cápita en los países ricos y ayudar a las naciones en desarrollo a seguir una ruta más sostenible.

Los expertos señalan que la tendencia hacia la urbanización podría ayudar, debido a que las ciudades permitirán economías de escala y una prestación de servicios más eficiente. Lugares densamente poblados consumen menos recursos per cápita que aquellos con densidades poblaciones muy bajas, gracias a las economías en áreas tales como el suministro de agua, vivienda, gestión de residuos y reciclaje, uso de energía y transporte, dicen los expertos.

No se puede pagar un “precio ambiental” por el progreso

El subsecretario general de Naciones Unidas y director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, indicó que “el desacoplamiento tiene sentido en todas las esferas: económica, social y ambiental. La gente cree que los males ambientales son el precio que debemos pagar para contar con bienes económicos. Sin embargo, no podemos, ni necesitamos, seguir actuando como si esta disyuntiva fuera inevitable.

“El desacoplamiento es parte de una transición hacia una Economía verde, baja en carbono, eficiente en el uso de recursos, la cual es necesaria para estimular el crecimiento, generar empleos decentes y erradicar la pobreza de una manera que la huella de la humanidad se mantenga dentro de los límites del planeta”, añadió Steiner.

Este informe precede por un año, a la reunión de la Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible 2012 (o Río +20) que se llevará a cabo en Río de Janeiro Brasil), del 4 al 6 junio, de 2012, que tendrá como temas centrales: economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, y lograr un acuerdo sobre un marco internacional para el desarrollo sostenible. “La reunión de Río +20, el próximo año, representa una oportunidad para acelerar y ampliar estos brotes verdes de una economía verde, que están surgiendo en todo el mundo, desarrollado y en desarrollo”, señaló el Director Ejecutivo del PNUMA.

Durante el siglo pasado, los controles de la contaminación y otras medidas han reducido los impactos ambientales del crecimiento económico. Gracias a las innovaciones en la fabricación, diseño de productos y uso de la energía (apoyado por el creciente número de personas que viven estilos de vida más eficiente en las ciudades) la economía mundial ha crecido más rápido que el crecimiento del consumo de recursos.

Sin embargo, esas mejoras han sido sólo relativas. En términos absolutos; con el crecimiento de la población, los altos niveles de consumo en los países industrializados, y el aumento de la demanda de bienes materiales, especialmente en China, India, Brasil y otras economías rápidamente emergentes; el uso total de recursos creció ocho veces, de 6 mil millones toneladas en 1900 hasta 49 mil millones de toneladas en 2000. Se estima que actualmente alcanza 59 millones de toneladas.

Si bien el informe no ofrece opciones detalladas de políticas y tecnología (que se incorporaran en futuros informes) sí indica que las tecnologías que han ayudado a la humanidad a extraer cantidades cada vez mayores de los recursos naturales deben ser re-dirigidas a para lograr un uso más eficiente de los mismos."