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viernes, 20 de enero de 2012

Nace la unidad de la Fiscalía contra delitos ambientales

Aunque nuestro Sistema Nacional Ambiental - SINA contempla las instancias que ejercen control y vigilancia ambiental es muy grato encontrar esta noticia acerca de la creación de esta unidad en el seno de la Fiscalía para atender los delitos ambientales que se cometen  a diario en el país. La invitación es para que conozcamos de su existencia, del modo en el cual podemos iniciar acciones en contra de particulares o empresas que esten atentando contra nuestros recursos. Confiemos en que no será una entidad de pantalla sino que efectivamente le ponga atención a las delicadas problemáticas ambientales que nos afectan a todos los colombianos pero que enriquecen a poquitos nacionales y extranjeros.

Transcribo y los invito a leer la nota en El espectador.com


"Atendiendo las recomendaciones internacionales previstas en la Declaración de Río de Janeiro (Brasil) sobre el medio ambiente, y en el marco de un convenio interinstitucional firmado entre Ingeominas, la Procuraduría y los ministerios de Minas y Medio Ambiente, la Fiscalía General de la Nación acaban de crear la Unidad Nacional de Delitos contra los Recursos Naturales y el Medio Ambiente.

Esta dependencia contará con 22 fiscales especializados, encargados de investigar, entre otros, la contaminación ambiental, invasión de áreas ecológicas, explotación ilícita de yacimientos naturales y, en general, todas las irregularidades que afectan el ecosistema.

La acentuada ola invernal en el país, reflejo para los expertos del cambio climático ocasionado por el deterioro y daño del hombre al medioambiente, impulsaron a la fiscal general Viviane Morales Hoyos a firmar la resolución 0-3438 de 2011 mediante la cual le asignan a esta nueva unidad el objeto de adelantar investigaciones penales en contra de particulares o empresas que atenten contra los recursos naturales del Estado y pongan en peligro el ambiente.

Además, está unidad tendrá la potestad de ejercer las labores necesarias para obtener la reparación del daño ocasionado como consecuencia de una explotación ilegal de recursos naturales.

Minería ilegal, contaminación de fuentes hídricas, invasión de terrenos de uso público o explotación de zonas reservadas o de patrimonio natural serán algunos de los frentes que deberá asumir la Unidad Nacional de Delitos contra los Recursos Naturales y el Medio Ambiente.

Investigaciones por daño en humedales, construcción ilegal en los cerros de Bogotá o la vigilancia con lupa de empresas que explotan el carbón a cielo abierto en el Cesar o La Guajira serán temas obligados que deberá tener en cuenta esta nueva unidad. El reto, según informaron fuentes del ente acusador, será ponerle coto de una buena vez a las mafias que se mueven en el mercado negro de los recursos naturales.

La tarea de esta nueva dependencia es especialmente importante si se tiene en cuenta que, en su momento, el comandante de las Fuerzas Militares, almirante Édgar Cely, aseguró que la minería ilegal se había convertido en una fuente de financiación primaria de las Farc.

Sin duda alguna este será uno de los frentes más difíciles de combatir, y a la vez uno de los más urgentes, debido al impulso que desde el gobierno central se le está dando a esta locomotora, una acción legítima que a su vez estimula la explotación ilegal de recursos como oro y carbón.

Por ejemplo, se sabe que en algunas partes del territorio se realiza minería, o se pretende realizar en el futuro cercano, en el interior de Parques Naturales Nacionales, áreas de gran importancia ecológica para la Nación.


En síntesis, tal como la Procuraduría tiene una delegada para asuntos ambientales y agrarios, encargada del monitoreo e investigación de hechos que atenten contra el medioambiente, la Fiscalía busca poner en cintura a los inescrupulosos que se han enriquecido a costa de toda suerte daños ecológicos. La unidad tendrá su cuerpo central de investigadores en Bogotá, pero también tendrá sedes alternas en Barranquilla, Villavicencio, Bucaramanga, Cali y Antioquia."





 
 

 

 

 

 

 

 
 

domingo, 8 de enero de 2012

Participa en el Plan de Desarrollo de Bogotá

Muchas veces nos quejamos que no nos permiten participar en la construcción y planificación de nuestro territorio y cuando se permite no lo hacemos. Es una triste realidad pero a veces es más facil criticar que construir.

Es importante que cambiemos ese chip y empecemos a proponer las alternativas de solucion que tanto necesita una ciudad como Bogotá. Actualmente se está elaborando el Plan de Desarrollo del alcalde Gustavo Petro y colocó a disposición de los ciudadanos una plataforma web para que se pueda aportar en la construcción del plan.

Los invito a participar y tambien a que posteriormente estemos pendientes de su cumplimiento.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

Acaparamiento de tierras en América Latina

Interesante estudio que publica la FAO acerca de un tema que ha venido mencionandose desde hace bastante tiempo pero que no se había dimensionado ni analizado profundamente que es la concentración y extranjerización de tierras en América Latina y el Caribe. El estudio señala que el acaparamiento de tierras, en su versión estricta, se restringe a Brasil y Argentina, aunque la concentración y extranjerización de la tierra es extendido en la región.

Contiene una reseña histórica de los procesos, actores, conflictos, políticas y conclusiones que para nuestro país es: "Además de la concentración de la tierra, se evidencia que en la última década se incrementó el monopolio de su uso en actividades mineras, petroleras y agroindustriales, por parte de grandes grupos económicos nacionales, con poder político para incidir en la formulación y adopción de políticas y leyes a su favor. Dicha concentración se da mediante compras propias de sus filiales y a través de figuras que no implican la transferencia de dominio."

Transcribo el articulo de prensa y copio el link para que descarguen el documento, el capítulo Colombia esta desde la página 156 a la 183.

Documento Acaparamiento de Tierras en América Latina

Noticia Página Fao

 
 
"Gobiernos deben encontrar formas de asegurar la concentración y extranjerización de tierras no tengan efectos negativos sobre la seguridad alimentaria, el empleo agrícola y la agricultura familiar.






Santiago de Chile, 24 de noviembre de 2011- Un estudio de la FAO en 17 países de América Latina y el Caribe halló intensos procesos de concentración y extranjerización de tierras en la región.

El estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, analizó el fenómeno de acaparamiento de tierras (land grabbing), y halló que la compra de tierras destinadas a la producción de alimentos y donde participan gobiernos extranjeros, se restringe a Brasil y Argentina. 

Sin embargo, la FAO señaló que el fenómeno de concentración y extranjerización de la tierra y de las cadenas de valor del sector silvoagropecuario es un tema que afecta a gran parte de la región (ver documento Reflexiones sobre la dinámica reciente del mercado de la tierra).
“Los gobiernos de la región deben encontrar formas de asegurar que los procesos de concentración y extranjerización de tierras no tengan efectos negativos sobre la seguridad alimentaria, el empleo agrícola y el desarrollo de la agricultura familiar”, señaló Fernando Soto-Baquero, Oficial de Políticas de la FAO. 

Masivo interés por la compra de tierras
 
“Hay un masivo resurgimiento del interés por invertir en tierras en la región. Es mucho más de lo que se asumía anteriormente, sea en términos de inversión de tierras o de acaparamiento.”, explicó el consultor de la FAO a cargo de analizar los 17 estudios sobre acaparamiento de tierra, Saturnino Borras, profesor del Instituto de Estudios Sociales de La Haya. (ver video -solo inglés)

Según Martine Dirven, especialista en desarrollo rural, en América del Sur “estamos ante una nueva ola de un proceso de extranjerización de las tierras importante. En diez años han habido aumentos de siete veces del precio de la tierra en Uruguay y un tremendo proceso de concentración de las tierras en América Latina.” (ver video, descargar audio).

Según el Director del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES), Fernando Eguren la concentración en la tierra no es sólo un fenómeno económico, “es también una concentración de influencias, de poder político en las esferas territoriales donde está ocurriendo. Finalmente también tiene que ver con restricciones en la democracia,” señaló Eguren (ver video).

Impacto sobre los pequeños productores y el empleo
 
De acuerdo a Martine Dirven, especialista en desarrollo rural, se puede constatar una reducción de los pequeños productores en los países del MERCOSUR. “En términos de empleo, muchas de estas grandes operaciones utilizan mano de obra distinta, más calificada, pero mucho menos que muchos pequeños predios” explicó Dirven. (escuchar entrevista)

Países andinos: concentración de propiedad centrada en exportaciones
 
Según Fernando Eguren, quien presentó los estudios de la FAO centrados en la región andina, allí se trata de un fenómeno liderado por inversionistas nacionales, “con frecuencia también con participación extranjera, pero básicamente es una dinámica interna nacional de concentración de la propiedad para una agricultura enteramente orientada a las exportaciones”, señaló.

“Eso está creando una serie de problemas e inequidades, de influencia muy grande sobre la orientación de la modernización de la agricultura, que deja al margen las preocupaciones por la seguridad alimentaria así como por el desarrollo de la agricultura familiar”, señaló Eguren (ver video entrevista)"

miércoles, 20 de julio de 2011

10 ideas para reconstruir a Colombia

El tema de la tragedia invernal y de sus causas sera el protagonista por mucho tiempo, pero lo realmente importante es qué aprendimos de ella y qué podemos hacer para corregir los errores cometidos?  El Espectador sacó un buen artículo acerca de como se podria reconstruir a Colombia en lo Ambiental y consulto a 10 autoridades en el sector ambiental. Interesantes ideas y sobre todo, propuestas para hacer de nuestro país una nacion responsable en lo ambiental, cultural y social que redunde en un mejoramiento de la calidad de vida para todos. Es simplemente que nos hagamos la pregunta: ¿Cómo queremos a la Colombia del futuro?

Transcribo y copio el link



"10 ideas para reconstruir a Colombia
Por: Elespectador.com

¿Qué se debe hacer para evitar una tragedia ambiental? El Espectador les preguntó a 10 colombianos sobresaliente qué harían. Estas son sus ideas.

Expertos hablan sobre el tema.

Emergencia ambiental en Colombia

José Yunis

Representante para Colombia de The Nature Conservancy, una de las ONG ambientales más destacadas del mundo. Sus 18 años de experiencia profesional en leyes ambientales y políticas públicas también incluyen trabajo para el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, la Autoridad de Parques Nacionales. Su idea: reducir la ganadería extensiva y aumentar la riqueza pesquera.

Cerca del 40% del territorio nacional, esto es aproximadamente 38 millones de hectáreas, está dedicado a la ganadería extensiva. Una ganadería ineficiente, que se lleva a cabo sin preguntarnos qué tanto vale la pena, sin considerar siquiera si los ecosistemas donde pastan las vacas son apropiados para esta tarea o podrían tener mejor uso. Basta con una visita a los páramos colombianos para descubrir que las pisadas del ganado destruyen el frágil equilibrio de especies que capturan el agua, riegan las montañas y abastecen nuestros acueductos.

La ganadería extensiva, sin control, al vaivén de los caprichos de pequeños, medianos y grandes comerciantes es responsable de buena parte de la pérdida de biodiversidad en Colombia. Es un exabrupto tener una vaca ocupando tres o más hectáreas. Puesto en otras palabras, destruimos tres hectáreas de selva con todas las diferentes especies y árboles para obtener 400 ó 500 kilos de carne. ¡Por favor! Hay mejores técnicas productivas, herramientas para incrementar la productividad.

Por esto reducir a 12 ó 13 millones de hectáreas el territorio asignado a esta actividad económica es una tarea inaplazable si queremos conservar nuestra mayor riqueza como país: la biodiversidad. Se trata, por supuesto, de una idea polémica. Muchos ya se estarán preguntando cómo reemplazar el aporte de proteínas de la carne en la dieta de los colombianos.

La respuesta está en la cuenca del gran río Magdalena que incluye el río Cauca. Tenemos que devolver la pesca a estos grandes brazos de agua. ¿Alguien recuerda la subienda? Por cuenta de la contaminación, la sobreexplotación y la destrucción de ecosistemas perdimos una producción de pesca natural que alguna vez nos entregó hasta 80.000 toneladas de pez al año. Hoy, las redes de los pescadores no sacan más de 8.000 toneladas de peces, que además de estar contaminadas con peligrosos metales pesados, tiende a seguir en franca caída. Lo más grave de todo esto es que Colombia tiene un promedio de pesca paupérrimo de 200.000 toneladas al año incluyendo mar y ríos.

Devolver la pesca al río Magdalena no es sólo ético, sino económicamente razonable y rentable. ¿Cómo hacerlo? Simple control y vigilancia para el manejo del recurso. No es más, no es menos. No puedo evitar pensar que es una de las mayores estupideces de nuestra historia que desequemos las ciénagas de la depresión momposina para poner vacas y no desarrollar su potencial pesquero. Puede ser que esto beneficie a algunos grupos, pero es claro que no beneficia a Colombia.

Entendamos y respetemos nuestros ríos. Es, además, la mejor forma para protegernos de tragedias como las que vivimos por cuenta de la ola invernal. Dejemos ya esa sempiterna costumbre de buscar el ahogado aguas arriba.


Cristian Samper

Director del Museo de Historia Natural del Smithsonian en Washington. Biólogo y creador de una red de más de 200 reservas en Colombia. Diseñó un programa de educación ambiental que se aplica en más de 10.000 escuelas. Colaboró en la creación del Ministerio de Medio Ambiente. Su idea: desarrollar mercados para los servicios ambientales.

La tragedia que afectó miles de familias en la Costa Caribe este año se hubiera podido evitar. El problema surgió cuenca arriba y tiempo atrás. Durante los últimos dos siglos hemos talado la mayor parte de los bosques andinos de las cuencas altas en los ríos Cauca y Magdalena y hemos drenado los humedales del Caribe para dar paso a cultivos y ganadería. Ambos cumplen una función importante en la regulación de los caudales de los ríos en épocas de lluvia. Colombia parece un camarón y se lo está llevando la corriente.

Pero si en Colombia llueve, en Estados Unidos no escampa. Las recientes inundaciones en la cuenca del río Misisipi también desplazaron a miles de familias. Las fuertes lluvias en las cabeceras del río resultaron en los niveles históricos mas altos registrados cuenca abajo, que llevaron a abrir represas y taludes, inundando miles de hectáreas de cultivos. Estos errores salen caros. En la Florida se adelanta un gigantesco proyecto para restaurar los humedales de los Everglades, restituyendo los flujos de agua naturales, deshaciendo los errores del pasado, a un costo superior a los US$7.000 millones.

Es hora de cambiar el modelo de desarrollo, para evitar que la historia se repita. Es hora de emprender la reconstrucción ambiental de Colombia y de usar la enorme riqueza ambiental para el bienestar de la gente. Esta agenda debe incluir al menos cuatro elementos principales:

Primero, la conservación y restauración de ecosistemas naturales. Estamos a tiempo para preservar remanentes importantes de bosques, páramos, sabanas naturales, costas y mares. En zonas como el Caribe y la Sabana de Bogotá, la tarea requiere de la restauración de humedales y bosques que han desaparecido.

Segundo, debemos avanzar en el conocimiento de la biodiversidad y sus servicios ambientales. Colombia representa menos del 1% de la superficie del planeta y contiene más del 10% de la biodiversidad. Pero todavía no la conocemos, mucho menos qué tan rápido la estamos perdiendo o cómo esta riqueza se puede ver afectada por fenómenos como el cambio climático.

Tercero, debemos evaluar y valorar los servicios ambientales de la biodiversidad. Estos servicios incluyen alimentos y medicinas, pero también incluyen la regulación de cuencas y la productividad de los suelos. Debemos evaluar estos servicios y usar esta información en los planes de ordenamiento territorial.

Cuarto, debemos desarrollar los mercados para estos servicios ambientales. los pueblos y ciudades de Colombia dependen de las cuencas para su desarrollo, pero en muchos casos no se reconocen ni pagan estos servicios. Por fortuna, ciudades como Bogotá están pagando por el uso del agua que proviene del Parque Nacional Natural de Chingaza. Pero existen otros mercados que debemos aprovechar, como son el mercado del carbono para mitigar el cambio climático o los productos biotecnológicos para salud y alimentación.

Colombia y sus regiones se están beneficiando de la bonanza minera y petrolera, pero esta es una solución a corto y quizá mediano plazo. La verdadera riqueza de Colombia está en sus recursos naturales y es hora de usarlos sabiamente. Es hora de conocer, conservar y comerse el camarón, antes de que se lo lleve la corriente del desarrollo.


Margarita Astrálaga

Actual directora para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Bióloga de la Universidad de los Andes. Vivió en Nairobi, Kenia, donde estuvo a cargo del Programa de Mares Regionales de América Latina. En Suiza trabajó en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre. Su idea: Conservar ecosistemas, un seguro contra los riesgos.

No hay duda de que las inundaciones, las sequías y las tormentas son fenómenos naturales. Pero detrás de ellos es habitual encontrar, en mayor o menor medida, la mano del hombre. La Evaluación Global sobre la Reducción de Riesgos de Desastres de 2009 relacionaba estos fenómenos con los llamados “motores de riesgo”: la urbanización excesiva, una gobernanza urbana deficiente, la vulnerabilidad de los medios de vida rurales o la degradación de los ecosistemas. Son factores que pueden provocar sufrimiento humano a escala masiva y pérdidas económicas incalculables.

La gestión de riesgos relacionada con la pobreza en un clima cambiante requiere un cambio urgente en las políticas actuales de desarrollo, con un nuevo enfoque hacia la conservación y restauración de los ecosistemas y la prevención de desastres naturales.

Colombia comparte con gran parte de América Latina un escenario común de riesgos, pero también de soluciones. Se consideran indispensables el ordenamiento territorial y el reasentamiento de la población en áreas de bajo o ningún riesgo, y la promoción de actividades productivas sostenibles y adaptadas a los efectos esperables del cambio climático. Ya no hay excusa. La falta de prevención tiene consecuencias dramáticas, que suelen pagar los más débiles.

Es igualmente urgente la recuperación y la buena gestión de cuencas, así como la realización de proyectos sociales de gestión ambiental, y reducción de pobreza. Ninguna de estas medidas es posible sin antes fortalecer la gobernanza ambiental y el marco institucional tanto a nivel nacional como regional. No es suficiente tener buenas leyes, si no hay un sistema adecuado de rendición de cuentas y supervisión de su cumplimiento, y de sanción en caso contrario.

Cada vez son mayores las evidencias del papel de los ecosistemas como continuos generadores de beneficios para la naturaleza y la sociedad. Un ecosistema sano y bien gestionado no sólo mitiga los efectos de las catástrofes naturales, sino que facilita la recuperación posterior.

Los ecosistemas forestales y los humedales en particular tienen un papel fundamental en la prevención y mitigación de los desastres naturales, como las inundaciones. Los humedales funcionan como esponjas y los bosques absorben la humedad, para después liberarla lentamente.

Como si de pilares naturales se tratara, los árboles contribuyen a sostener el terreno, a fijarlo para frenar la erosión, lo que reduce las posibilidades de aludes de tierra. En la costa, los manglares también actúan como parapeto frente al viento y disminuyen el impacto de las tormentas tropicales en las zonas costeras.

Estos ecosistemas también dan cobijo, alimento, empleo, medicinas, energía y seguridad a billones de personas en todo el mundo. De acuerdo con la FAO, en 2006, por ejemplo, la contribución de la industria forestal al Producto Interno Bruto global fue de 1% —468 miles de millones de dólares—.

Desafortunadamente, el ser humano destruye 13 millones de hectáreas de bosques tropicales anualmente, una superficie como la de Grecia. En la última década, la mayor pérdida neta de bosques se ha producido en África y América del Sur.

Es fundamental que los tomadores de decisiones adopten y apliquen políticas que permitan una adecuada gestión ambiental, revirtiendo la deforestación, asegurando la conservación y el manejo y uso sostenible de los ecosistemas; y promoviendo la movilización de inversiones, tanto públicas como privadas, que garanticen un desarrollo con mayor equidad del que se beneficien no sólo ésta, sino también las próximas generaciones. Igualmente importante es que la ciudadanía esté bien informada, ya que lo que está en juego es su presente y su futuro. El camino hacia el desarrollo sostenible se hará más corto si transcurre al abrigo de nuestros ecosistemas.

 
Julio Carrizosa

Ingeniero civil de la U. Nacional y máster en Administración Pública de la U. de Harvard. Exdirector del Instituto de Estudios Ambientales. Miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su idea: disminuir la presión de la población en la región andina.

El conjunto de ecosistemas que llamamos Colombia, más de 300, es extremadamente complejo —muchas variables, muchas interrelaciones— y por eso es difícil predecir sus cambios. La sociedad colombiana es, en cambio, demasiado simple: mal educada, amiguera, racista, segregada, estratificada; las personas que toman las grandes decisiones son muy pocas.

El Gobierno ha acertado al calificar la crisis como ecológica, económica y social. Es cierto que ha sido desatada por cambios climáticos globales, pero buena parte de los daños que han causado estos cambios se deben a errores humanos: ciudades construidas en las laderas de las cordilleras o sobre pantanos y humedales, bosques convertidos en potreros, cultivos en grandes pendientes y sin sombrío, ciénagas desecadas, concesiones mineras sin evaluación ni control, contaminación intensa de los ríos, etc.

Esta situación no se puede mejorar con soluciones simples; la reconstrucción debería empezar por una rehabilitación ecológica del territorio, seguida por modificaciones en la red de ciudades, ambas cosas acompañadas y apoyadas en inversiones importantes en investigación y formación ambiental. La rehabilitación de los ecosistemas afectados en las regiones andina y caribe no es una tarea sencilla ni barata.

Construir millones de viviendas para gentes sin suficientes recursos económicos requiere establecer una política de poblamiento del territorio, seleccionar los municipios en donde son más sostenibles los procesos de urbanización, introducir cambios en las políticas y en las estructuras sectoriales de producción y empleo e innovaciones significativas en el diseño y la planificación urbana.

Hacer todo eso es muy difícil en un país pobre y agobiado por conflictos éticos y políticos. Si sólo se pudiera hacer una cosa, aconsejaría tratar de disminuir la presión de la población en la región andina mediante la construcción de una o dos ciudades en la costa caribe en sitios de poca importancia ecológica, diseñadas para que sean ejemplo de convivencia, integración social, ahorro de recursos y calidad de vida. Con suerte esto sería una solución para muchos desempleados y desplazados, un alivio para las ciudades y ecosistemas andinos y un ejemplo de desarrollo razonable y equitativo.

 
Gustavo Wilches-Chaux

Estudió administración de desastres en Oxford. Dirigió el programa de autoconstrucción comunitaria de vivienda popular adelantado por el Sena después del terremoto que destruyó Popayán en 1983. Fue director de Funcop y de la organización ambiental Ecofondo. Miembro fundador de la Red de Estudios Sociales sobre Desastres en América Latina. Su idea: aprender de las comunidades.

En muchas regiones de Colombia las comunidades tienen claras las estrategias para la recuperación de sus territorios con posterioridad al desastre invernal y para su adaptación al cambio climático. Tal es el caso de las comunidades ligadas a la organización Asprocig (Asociación de Productores para el Desarrollo Económico del Bajo Sinú), que en su cotidianidad mantienen vivas las estrategias que permitían que para la cultura Zenú las inundaciones no fueran sinónimos de desastres sino fuentes de vida.

¿Por qué fueron insuficientes esas estrategias frente al desastre invernal? Porque la magnitud de las inundaciones fue muy grande, sí. Pero, sobre todo, porque la manera como se ha venido entendiendo y ejecutando el “desarrollo” ha herido de manera grave la capacidad de autorregulación del territorio.

En resumen, se han construido diques y se han desecado miles de hectáreas de humedales y ciénagas, quitándoles a los ríos los “dobladillos” que les permiten crecer sin consecuencias desastrosas; se han desplazado comunidades obligándolas a “urbanizarse” y a ocupar porciones del territorio que pertenecen al agua. Al territorio se le han impuesto megaproyectos y grandes obras de infraestructura que para nada consultan ni las dinámicas de la naturaleza ni los intereses de las comunidades locales.

¿Cuál es la clave, entonces, para la recuperación de esas zonas y para su adaptación al cambio climático? Sencillamente, reconocerles a las comunidades de la región el derecho a participar eficazmente en las decisiones que las afectan. Fortalecer las estrategias surgidas desde la base social y elevarlas a políticas públicas. O por lo menos no obstaculizarlas ni destruir la base ecológica y cultural. Reconocer que la biodiversidad ecológica y cultural de la región es su principal recurso para la adaptación.

En un escenario global de cambio climático, el país más competitivo será el que les garantice a sus habitantes el derecho fundamental al agua; capacidad para absorber sin traumatismos los cambios del clima; seguridad, soberanía y autonomía alimentaria, y una razón compartida para existir. Es decir, el derecho a la identidad ligada a un territorio concreto. Una recuperación mal enfocada puede ser peor para esas comunidades y para el resto del país que el mismo desastre invernal.
 
Brigitte Baptiste

La actual directora del Instituto de Investigaciones Biológicas Alexander von Humboldt es bióloga, exbecaria Fulbright, con una maestría en Estudios Latinoamericanos de la U. de Florida, un doctorado en Ciencias Ambientales de la U. Autónoma de Barcelona. Su idea: un modelo económico basado en la biodiversidad.

La búsqueda de conciencia de Colombia como un país megadiverso es la respuesta para asumirnos con una identidad global única, con un modelo de desarrollo propio y unas capacidades y potencialidades diferentes a las de los demás países.
 
Dentro del país, un proyecto de reconocimiento de la contribución local a esa megadiversidad dinamizaría las regiones y también les daría fundamento a formas de habitar y producir ecológica y económicamente sostenibles: en vez de reproducir esquemas de competitividad que copian los errores y las generalidades de los modelos simplistas globalizados, se recurriría a formas de habitar, producir y gobernar consecuentes con el carácter único de cada lugar, capaces de incorporar y proyectar el patrimonio natural y cultural propios.


En vez de construir balnearios turísticos de playa y sol idénticos a los que ofrecen todos los países ecuatoriales, por ejemplo, deberíamos promover inversiones en proyectos realmente ecológicos donde la fauna, la flora, el paisaje y las tradiciones locales se conviertan en el fundamento de las actividades productivas: redes de reservas privadas o comunitarias ofreciendo sitios para la observación de aves, para reconocimientos paisajísticos únicos, para experiencias compartidas de vida con pueblos indígenas.
 
Redes de productores locales con capacidad de participar en mercados globales de alimentos limpios, redes de industrias forestales o acuícolas certificadas. Y primero, la conciencia de que esa diversidad es la garantía de un bienestar que no tiene precio, ni cómo medirse o compararse con el de otras personas en términos monetarios, porque la vida es única y diferente en cada parte del mundo. Esa cualidad se consigue mediante un cambio sencillo en los currículos educativos y un sistema que promueva la complementariedad económica en vez de la competitividad como único mecanismo de regulación.

Germán Poveda

En 2010 fue nombrado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la máxima autoridad en temas relacionados con este fenómeno, como autor del V Reporte del Panel para el capítulo sobre América Latina. Es docente de la Facultad de Minas de la U. Nacional sede Medellín. Su idea: establecer un programa permanente de investigación sobre hidrología de Colombia.

La reconstrucción es necesaria y hay que enfrentarla ya. Pero implica una actitud reactiva a tragedias anunciadas. Desde hace casi dos décadas sabemos que las temporadas de lluvias en Colombia se intensifican durante La Niña. La investigación que hemos hecho ha contribuido a explicar los mecanismos físicos por los cuales se agrava la temporada invernal en Colombia durante La Niña. Y sabemos que tal situación está siendo exacerbada por el cambio climático, una realidad que ya está aquí para quedarse por varios siglos. Y, además, la deforestación acelerada de nuestras cuencas contribuye a causar y agravar las inundaciones.

Es necesario establecer políticas y programas proactivos en lugar de reactivos (más costosos en todo sentido). Es obligatorio implementar un programa integral para el manejo de agua en Colombia. Para ello es necesario definir una agenda de investigación que proporcione el mejor conocimiento científico que sirva de base para la toma de decisiones y para garantizar que el aprovechamiento de los recursos naturales se haga de manera sostenible y en consonancia con el bienestar de la sociedad.

Por mi parte, continuaré trabajando para ayudar a cerrar la brecha que existe entre la investigación y la toma de decisiones y la construcción de políticas públicas. Seguiré insistiendo en los foros académicos y en los medios de comunicación que estén a mi alcance. Ante tanta tragedia es antiético e irresponsable permanecer impávidos. Es imperativo y urgente que el Gobierno lidere y financie la creación de un programa nacional de investigación alrededor de los temas del agua (como recurso y como amenaza), así como de las consecuencias del cambio climático y de la deforestación.

Esa agenda de investigación debe estudiar la línea base del recurso, los retos impuestos por la variabilidad hidro-climática, evaluar adecuadamente los riesgos y la vulnerabilidad ante eventos hidro-meteorológicos extremos máximos y los extremos mínimos,; asegurar el acceso a agua limpia y garantizar vertimientos sanos. Debemos conocer a fondo la contaminación de corrientes, cuerpos de agua y acuíferos y las posibilidades de aprovechar el agua procedente de distintas fuentes o de distinto tipo. No se puede dejar de lado la relación entre el agua y la ocupación del territorio.

Tan sólo el conocimiento sólido de nuestros ríos nos permitirá legislar, gobernar y regular adecuadamente la riqueza hídrica de Colombia.

Arturo Escobar

Antropólogo y profesor en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Ha enseñado en varias universidades de los Estados Unidos y realizado trabajos de campo en el Pacífico colombiano, junto con comunidades negras. Recibió el título de "Kenan Distinguished Teaching Professor of Anthropology". Su idea: transición a una sociedad ecológica.

La Colombia de hoy es una Colombia de devastación. Las décadas del “desarrollo” sólo han exacerbado la desigualdad social, la concentración de la tierra, la injusticia, la violencia, la dependencia y la destrucción ambiental. Las llamadas locomotoras del desarrollo económico y el Tratado de Libre Comercio sólo lograrán profundizar estas tendencias.

La Colombia del futuro requiere de un modelo radicalmente diferente; tiene que romper con los imaginarios caducos de los siglos 19 y 20 (“progreso”, “desarrollo”, “modernidad”, “crecimiento material”). Dado que la crisis ambiental y social es global, hay que reimaginarse a Colombia pensando ecológica y políticamente con América Latina y el mundo (especialmente los debates sobre el Buen Vivir y los derechos de la naturaleza), en vez de adaptándose a la fuerza de la “globalización’.

Esto implica pensar en una verdadera transición ecológica y cultural hacia una sociedad muy diferente. Muchos visionarios nos hablan de las características de estas transiciones: la reestructuración de la producción de los alimentos con base en la descentralización, el cultivo orgánico y la biodiversidad; la democracia participativa; las autonomías locales; el uso menos intenso de los recursos; la reducción del consumo de energía y fuentes alternativas de ésta; y las economías sociales y solidarias. Pospetróleo, poscarbono, poscapitalismo, posextractivismo, posdesarrollo son algunos de los imaginarios emergentes. En sus formas más avanzadas, estas narrativas nos hablan de un cambio de modelo civilizatorio.

No es tan difícil imaginarse estos mundos diferentes. Imaginémonos por ejemplo un Valle del Cauca sin caña de azúcar y ganadería extensiva, lleno de pequeñas y medianas fincas dedicadas al cultivo agroecológico de frutales, hortalizas, granos, animales, etc., orientadas hacia los mercados regionales y nacionales, y sólo de forma secundaria a la exportación.
 
Durante más de dos siglos, este impresionante Valle ha sido sistemáticamente empobrecido ambiental, social, y culturalmente por una élite insensible y racista, que se ha enriquecido inmensamente para su propio beneficio; como se sabe, la caña agota las tierras, las aguas y las gentes (en especial la gente negra) y la ganadería extensiva ha desnudado montes y laderas. En el nuevo Valle se restaurarían los paisajes, se erradicaría la pobreza, muchos que aún quieren tener tierra la tendrían, decrecerían las ciudades y se repoblarían campos y poblados, resurgiría la cultura, se lucharía abiertamente contra el racismo y el sexismo, y todos tendrían acceso a educación de buena calidad y a las tecnologías de la información. Podemos hacer un ejercicio de la imaginación similar con cualquiera otra región del país. El Pacífico, por ejemplo, como lo visualizan los movimientos de afrodescendientes e indígenas, sería un Territorio-Región intercultural con comunidades integradas al medio ambiente, “sin retros, ni coca, ni palma”, como dicen los activistas.

La Colombia del futuro se debe pensar de abajo hacia arriba. Hay, sin duda, requisitos básicos para ello: una redistribución radical de la tierra, una política de convivencia intercultural basada en el fortalecimiento cultural y social de las comunidades, políticas de ciencia y tecnología plurales que se surtan de los múltiples conocimientos y concepciones de vida, e infraestructuras de apoyo en cada localidad y región. Gracias a las visiones sobre la transición, lo imposible se vuelve pensable; lo pensable, realizable. Surgirá otra “Colombia”, ecológica y plural, a medida que deja atrás ese llamado desarrollo que hoy la devasta.

Manuel Rodríguez

Fue el primer Ministro de Medio Ambiente que tuvo Colombia. Presidente del Foro de Bosques de las Naciones Unidas en 1996-1999 y 2004-2005 y miembro de la Comisión Mundial de Bosques y Desarrollo Sostenible. En 1997 contribuyó a la creación del Foro Nacional Ambiental, una alianza de organizaciones ambientalistas. Su idea: un reajuste de la tasa del uso del agua.

La reciente tragedia invernal hizo evidente el deterioro y destrucción de diversos ecosistemas críticos para la regulación del agua —páramos, bosques protectores de las cuencas hidrográficas y humedales— y el imperativo de restaurarlos.
 
¿Pero dónde está la plata para financiar esta monumental tarea de largo plazo que debe iniciarse de inmediato? ¿Acaso hay que recurrir a la asignación de recursos de emergencia de las arcas públicas o a la caridad de los cacaos y otros filántropos nacionales o internacionales? Seguramente estos expedientes no sobrarían, pero ante todo debemos recurrir a la implementación plena de viejas ideas consagradas en la ley y no tratar de reinventar la pólvora.
 
Según un juicioso estudio del economista Guillermo Rudas, un reajuste de la tasa del uso del agua, establecida en el código de los recursos naturales de 1974, pasándola de setenta centavos (que la hace gratis en la práctica) a siete pesos por metro cúbico, produciría $150.000 millones al año. ¿No es, acaso, grotesco que el Acueducto de Bogotá pague a Parques Nacionales la irrisoria suma de 200 millones de pesos al año por el suministro del 80% del agua de la ciudad que procede de Chingaza, unos recursos absolutamente insuficientes para proteger este ecosistema? ¿Por qué diablos hay que regalar el agua a las empresas agroindustriales, permitiendo, así, que no paguen por la protección de los ecosistemas que les proveen el precioso líquido? Pero la tasa de uso no solamente produciría nuevos recursos para la protección de las cuencas, sino que incentivaría a los usuarios a hacer mejor uso del agua.
 
Si los municipios y departamentos destinaran el 1% de su presupuesto a la protección y restauración de las cuencas que abastecen el agua a los acueductos municipales, tal como lo obliga la ley desde 1993, se producirían recursos adicionales por $500.000 millones al año. En los dieciocho años de vigencia de esa norma, según la Contraloría General, solamente se han destinado a este fin irrenunciable el 16% de los recursos potenciales. ¡Sí que nos han faltado un Contraloría y unos ministerios de Hacienda y del Ambiente que hagan cumplir la ley!

Son dos políticas establecidas de tiempo atrás que se han implementado parcialmente, con el inocultable y escandaloso fin de proteger poderosos intereses. Allí se encuentran $650.000 millones potenciales al año (equivalentes al 40% del presupuesto del Sistema Nacional Ambiental), que si se invierten con eficacia (o no se los roban), podrían contribuir a subsanar los daños que se han perpetrado a nuestro medio ambiente y a hacer el país menos vulnerable a las inevitables y crecientes olas invernales y sequías que el calentamiento global y La Niña-El Niño nos deparan.

Margarita Marino

Antropóloga y filósofa. Exdirectora del Inderena. Perteneció a una de las comisiones mundiales sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas. Fue asesora de la Comisión para la Educación del Siglo XXI de la Unesco. Su idea: un Consejo Permanente de Sostenibilidad.

Lo que nos enseña la actual emergencia es que el desarrollo tiene que rediseñarse dentro de las realidades ambientales. La crisis devela, entre otras cosas, una reiterada ocupación equivocada del territorio, una marcada ausencia de conocimientos y valoración de nuestros ecosistemas y el desconocimiento ciudadano de los derechos ambientales.

Sin negar que las decisiones ambientales son asuntos de poder, lo que es claro es que la prosperidad estable sólo puede ser alcanzada aquí y en todo el mundo si los ecosistemas esenciales y el ambiente son salvaguardados. En este tránsito hacia el desarrollo sostenible hay que desafiar antiguos conceptos y proponer nuevos paradigmas.

De hecho, una visión simplificada de los temas ambientales resulta en efectos que empobrecen a comunidades y culturas. Por ejemplo, la política de minería que tiene en cuenta únicamente el factor de inversión y precios sin considerar el agotamiento de los recursos, la restauración, los cambios en el territorio y en la vida de los pobladores, resulta, como se ha demostrado, en el empobrecimiento ambiental y social.

En estos tiempos, habría que plantearse proyectos urgentes de restauración ecológica, la reubicación de poblaciones en riesgo, los cinturones verdes alrededor de las ciudades, el apoyo a la seguridad alimentaria, la defensa de los páramos, el reforzamiento del monitoreo, controles y sanciones a las extracciones de recursos y proyectos de infraestructura. La reorganización de las capacidades institucionales y su articulación con las instituciones académicas, organismos sectoriales y regionales (las reformas de las CAR), pero sobre todo la responsabilidad de los ambientalistas en enriquecer las propuestas ambientales en la nueva ley de ordenamiento territorial, que debería llamarse la ley de asentamientos y uso del territorio.

Ocurre que nada de esto puede hacerse sin conocimientos, ni ciencia, ni experiencia. Mi sugerencia principal sería la de un impulso nuevo y decidido de apoyo y difusión de la ciencia y promoción de las innovaciones ambientales y un Consejo Permanente de Sostenibilidad, que se organice bajo la tutela de la Academia de Ciencias, que promueva inventarios regionales de patrimonio natural, que analice e influya en las decisiones de la política, dirima los conflictos sobre el uso de los recursos presentando los argumentos científicos para su defensa."



domingo, 22 de mayo de 2011

Los retos que deben asumir las ciudades sostenibles

Las ciudades del presente y del futuro se enfrentan a multiples retos para poder cumplir con una de sus principales misiones, el ofrecer una adecuada calidad de vida a sus habitantes.
Al 2019 se proyecta que sean mas de 9 millones de personas las que se ubiquen en Bogotá y teniendo de primera mano las consecuencias de una tragedia invernal propiciada por una planeación urbana no sostenible, debe hacernos reflexionar y sobre todo, ser mas exigentes con las nuevas propuestas de desarrollo urbano que se planteen para la capital por los candidatos a la Alcaldía, no solo la de Bogotá sino las de todo el país.

Encontre este documento, que si bien se redactó pensando en las ciudades españolas, contiene 15 retos para pensar en hacer sostenibles a las ciudades, los cuales bien podriamos complementarlos entre todos y poder aportar desde nuestra condicion de ciudadanos, para que sean tomados como referente por los candidatos a la Alcaldía. 


Particularmente en Colombia precisamos de un reto de tratamiento de aguas residuales, prevencion y atencion de desastres, entre muchos otros. Los invito a que comentemos y aportemos a identificar cuales son los retos que deben enfrentar nuestras ciudades colombianas para transitar hacia el camino de la sostenibilidad.

Transcribo y copio el link de descarga del documento de la pagina de ECODES.


ESTOS 15 RETOS TIENEN UN OBJETIVO ESENCIAL: QUE LAS CIUDADES ESPAÑOLAS CON MAYOR POBLACIÓN CONSTRUYAN EL TRÁNSITO HACIA UNA ECONOMÍA BAJA EN CARBONO, GENERANDO EMPLEO DE CALIDAD.
 
RETO 1
1) Conseguir que el 80% de la población tenga acceso, a menos de 300 metros, a los equipamientos públicos básicos (transporte público, centros educativos, recogida selectiva...).
 
RETO 2
2) Implementar acciones de renovación urbana con el objetivo de favorecer el futuro de la ciudad consolidada:
a) Cada ciudad cuenta con un plan de rehabilitación energética de barrios.
b) 100% de la nueva normativa urbana y de planeamiento con un informe de impacto energético vinculante.
c) 100% de las nuevas infraestructuras y equipamientos con criterios de consumo de energía casi nulo y cero emisiones.
d) 10% de la superficie de la ciudad existente en 2015 bajo revisión de planeamiento para promover la rehabilitación en dichas zonas.
 
RETO 3
3) Reducir un 40% las emisiones de CO2 para 2015, tal como indica el Set - Plan3.
 
RETO 4
4) Apostar por la eficiencia energética:
a) 100 % del alumbrado público ha sido sustituido por tecnologías de iluminación eficiente.
b) 100% de edificios han pasado una auditoría energética.
c) 40% de de instalaciones, calderas, equipos y motores que emiten CO2 o consuman combustibles fósiles han sido sustituidos por energías renovables y eficientes.
 
RETO 5
5) Firmar acuerdos con empresas de servicios energéticos para impulsar las inversiones en eficiencia
energética.

RETO 6
6) Impulsar las energías renovables:
a) 80% de la electricidad consumida en la ciudad procede de fuentes renovables.
b) 80% de edificios municipales tienen instaladas fuentes de energías renovables y toda la energía suministrada procede de fuentes renovables.
 
RETO 7
7) Desarrollar actuaciones para fomentar los desplazamientos en transporte público, a pie y en bicicleta.
a) Alcanzar como mínimo el 80% en movilidad en transporte público, peatonal y en bicicleta.
b) Multiplicar por 3 el número de usuarios habituales de bicicleta en las ciudades.
 
RETO 8
8) Transformar el 70% de la superficie del centro de la ciudad con peatonalización blanda.
 
RETO 9
9) Promocionar el uso de vehículos eléctricos hasta alcanzar, al menos, el 10%.
 
RETO 10
10) Rehabilitar energéticamente el 10% del parque de vivienda en 2015 y el 50% de edificios públicos
rehabilitados con el objetivo «cero emisiones».
 
RETO 11
11) Obtener la certificación energética del 100% de edificios de nueva construcción, aplicando incentivos fiscales en función de la calificación.
 
RETO 12
12) Favorecer la economía, la producción y el consumo de proximidad, el comercio, la distribución y el tejido comercial local.
a) Creación de al menos, una central de compras en cada ciudad, de iniciativa pública, para que el pequeño comercio pueda acceder a precios interesante.
b) Duplicar el porcentaje de productos locales en el mercado por rama de comercio.
 
RETO 13
13) Introducir cláusulas sociales y criterios ambientales en el 100% de los pliegos de contratación de obras, servicios y compras.
a) Promover un aumento del 10% anual de las empresas radicadas en la ciudad que dispongan de certificación ambiental (EMAS, ISO...).
 
RETO 14
14) Incrementar la eficiencia en el uso del agua:
a) 20% más de cantidad de agua reutilizada.
b) 100% de los edificios y viviendas tienen contadores de agua.
c) Reducir el consumo de agua doméstica a 100 litros máximo por habitante y día.
 
RETO 15
15) Reducir, reutilizar y reciclar: No más de 385 Kg por habitante y año.

martes, 10 de mayo de 2011

La responsabilidad ambiental

Mucho se habla del tema, de la institucionalidad, de los funcionarios, de las políticas públicas y aunque se generan discusiones, generalmente dejamos atras los temas por el chisme de moda.

Encontre una carta dirigida al presidente chileno por parte de un reconocido academico y ambientalista en torno a la próxima aprobación de un megaproyecto hidroeléctrico. Quiero compartirlo porque de su lectura, definitivamente tenemos que quedar con esta idea en la cabeza, LA RESPONSABILIDAD DE NUESTRAS ACCIONES EN RELACION A LA TOMA DE DECISIONES QUE AFECTAN NUESTRO MEDIO AMBIENTE.

Las situaciones y posibles conflictos ambientales que en esta carta se mencionan, no son nada diferentes a los que tenemos y veremos en nuestro país, más aun teniendo en cuenta que la "locomotora minera" será uno de los principales actores participantes en estas situaciones.

Transcribo y copio el link.


CARTA ABIERTA AL SEÑOR
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
DON SEBASTIÁN PIÑERA

Señor Presidente:

Con el respeto que me merece su persona y su investidura, me permito en mi calidad de ciudadano libre de compromisos políticos, empresariales e institucionales, plantearle algunas preguntas y un comentario en relación al megaproyecto Hidroaysén, próximo a ser votado en cuanto a su factibilidad.

Preguntas:

¿Está usted dispuesto a cargar en su consciencia el que bajo su presidencia se haya aprobado el más brutal Megaproyecto de la historia de Chile, en cuanto a sus devastadores impactos ambientales, sociales y culturales?

¿Imagina usted el infierno de impacto social y cultural que significará para los asentamientos humanos de la región vivir diez o doce años rodeados de megamaquinarias y de miles de trabajadores no locales destruyendo y devastando su entorno, su cotidianeidad, sus costumbres y su tranquilidad familiar? ¿Está usted dispuesto a cargar eso en su consciencia?

¿Piensa usted que una línea de transmisión de 2.300 kilómetros con torres de 70 metros de altura (equivalentes a edificios de 20 a 25 pisos) cada 400 metros, que, según análisis preliminares basados en peticiones mineras realizadas por y para los interesados, fragmentaría 6 parques nacionales, 11 reservas nacionales, 26 sitios prioritarios de conservación, 16 humedales y 32 áreas protegidas privadas, es algo liviano como para cargas en su conciencia?

¿Ha pensado usted que una franja de 2.300 kilómetros de largo por 100 metros de ancho para instalar las torres, significan 23.000 hectáreas de total deforestación? Cuatro veces más que las presuntas hectáreas que serán inundadas por las represas ¿En adición a lo anterior, ha reflexionado usted sobre la descomunal destrucción de naturaleza que significará trasladar, desde unos pocos puertos, 5.750 torres de esa magnitud a su lugar de emplazamiento? ¿Vale la pena eso en la consciencia?

De concretarse la construcción de dicha línea, Chile podrá sentirse “orgulloso” de haber generado la cicatriz más grande del planeta. ¿Cabría tal “orgullo” en su conciencia?

Es un hecho que, a pesar de la desinformación, la publicidad maliciosa, las presiones y las tácticas de seducción locales a través de regalitos realizadas por la empresa, una clara mayoría ciudadana se manifiesta contraria al proyecto. ¿Siendo nuestro país una presunta democracia, cabe en su conciencia que esa ciudadanía que hizo posible que usted fuera Presidente, no sea respetada?

Muchos sabemos, y desde luego usted también sabe, los múltiples vicios que se han cometido en el Estudio de Impacto Ambiental. No sólo el haber despreciado e ignorado totalmente la participación y las observaciones ciudadanas que la ley garantiza. Ha habido mentiras, descalificaciones y adulteraciones de todo tipo, que resultan inaceptables para una ciudadanía responsable y preocupada por un futuro digno para el país. El resultado final, de aprobarse el proyecto, sería el de constatar una vez más, que vivimos en un país que practica toda clase de rituales democráticos falsificados y enmascarados, de tal manera que el poder y el dinero acaben siempre siendo los vencedores. ¿Estría usted dispuesto a corroborar esta verdad con su conciencia?

El hecho de que la construcción de las represas se presente como un proyecto distinto y separado del de la línea de transmisión es no sólo una bofetada al sentido común, sino una grave ofensa a la inteligencia ciudadana. La más elemental honestidad y transparencia institucionales (de que tanto se habla como propósito del gobierno) obligaría a evaluar lo que realmente corresponde; es decir un solo proyecto que incluye represas y línea de transmisión. El hecho que no se haga como corresponde es obvio. El rechazo del proyecto sería casi seguro. ¿Está usted dispuesto a legitimar este tipo de truco en su consciencia?

Comentario.

Permítame aclararle, señor Presidente, que no soy un “terrorista ambientalista” ni un fundamentalista fanático. Tengo un prestigio internacional bien ganado y consolidado como intelectual que ha trabajado en el diseño de alternativas económicas y de desarrollo que eviten los desastres locales y globales que estamos experimentado tan duramente en las últimas décadas. Para mi, respeto a todas las formas de vida, amor a la Naturaleza, belleza, felicidad, dignidad, bienestar y calidad de vida, son componentes que no pueden ni deben estar marginados del concepto de desarrollo. Es más, sostengo con toda mi fuerza que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar sobre la reverencia por vida; de todas las manifestaciones de la vida. ¿Cuántos de estos principios respeta el monstruo de Hidroaysén?

Usted ha manifestado en múltiples oportunidades que Chile está próximo a ser un país desarrollado. ¿Cómo entiende usted el desarrollo? ¿Se trata de alcanzar un determinado PIB per capita? En mi opinión se trata de cumplir con las condiciones que acabo de enumerar. Y para cumplirlas nos falta mucho, muchísimo señor Presidente. Desde luego que favorecer proyectos como Hidroaysén, que prioritariamente contribuyen al enriquecimiento de corporaciones trasnacionales que no le deben ninguna lealtad a Chile, nos aleja aún más del verdadero desarrollo que necesitamos.

Aún cuando no existe entre usted y yo una amistad profunda, hemos mantenido cordiales relaciones personales desde hace muchos años. He apreciado su inteligencia y sus capacidades. Del mismo modo me fui formando la impresión de que usted era uno de los pocos políticos sensibles al medioambiente y amante de la naturaleza. A pesar de que no voté por usted, me sentí contento de que tendríamos un Presidente capaz de concebir un desarrollo armónico entre economía y Naturaleza. Me apenaría mucho, no sólo por mí, sino por usted, el poder haberme equivocado.

Hago votos, señor Presidente porque inicie usted un diálogo profundo con su conciencia. Quienes realmente amamos la notable belleza de nuestro país sinceramente lo esperamos.

Saluda a usted cordial y respetuosamente,

Prof. Dr. h. c. Manfred Max-Neef

Ex Rector

Director Instituto de Economía

Universidad Austral de Chile

domingo, 8 de mayo de 2011

Incidencia de la corrupción en el cambio climático

El tema del cambio climático y su influencia sobre los diferentes fenómenos por los cuales atravieza nuestro pais actualmente, nos debe hacer reflexionar sobre las verdaderas razones de las problemáticas ambientales y asi mismo, enfocar su solución integral y sistémicamente.
Encontré este buen artículo y quiero compartirlo, pues de su lectura, si bien podemos terminar con la idea de que ya lo sabiamos (y nos hemos acostumbrado), nos puede reforzar la necesidad de empezar a ver la solucion con otros ojos y no solo en ver a quien le echamos la culpa de lo que nos esta pasando. Disfrutenlo!


"La corrupción afecta la calidad de vida, la gobernabilidad, la institucionalidad y favorece la exclusión social e inequidad  (Meir, 2009). Incide además en el mantenimiento de la calidad de los ecosistemas y su capacidad de resiliencia para hacer frente al cambio climático. La corrupción es un factor que ataca directamente las condiciones de sostenibilidad y de justicia de una nación o pueblo.  ECODES (2011) señala que la evidencia empírica sugiere que los altos niveles de corrupción están asociados con bajos niveles de desarrollo, como revela la comparación del índice de control de la corrupción del Banco Mundial y del producto interior bruto per cápita que muestra la existencia de una alta correlación entre ambos indicadores.

La corrupción es un problema de preocupación global y nacional. Algunas de las principales conclusiones del Barómetro 2010, elaborado por Transparency International (2010) son altamente preocupantes:

• En todo el mundo, se percibe que los niveles de corrupción han aumentado en los últimos tres años.
• Las experiencias de hechos de soborno administrativo son generalizadas, y no han registrado variaciones si se las compara con el año 2006. Una de cada cuatro personas en el mundo ha pagado un soborno
• Las medidas del gobierno para combatir la corrupción suelen verse como poco eficaces.
• Existe un bajo nivel de confianza en las entidades formales para combatir la corrupción.

La corrupción es el principal problema que enfrenta el Perú. Así lo considera más de la mitad del país (51%), según la Sexta Encuesta Nacional sobre Corrupción de Pro Ética, elaborada por Ipsos Apoyo. Esta percepción ha ido aumentando significativamente con el paso de los años, pues en el 2003 llegaba a 25%. El 56% considera, además, que la corrupción de funcionarios y autoridades son el principal factor que impide el desarrollo del país (El Comercio, 2010). 

Las manifestaciones de la incidencia de la corrupción sobre el cambio climático se ponen de manifiesto en los diversos sectores y recursos:

  • En el caso del agua se encuentran nexos entre el agua, la corrupción y el cambio climático en los siguientes sectores: Administración de recursos hídricos, Sistemas de abastecimiento de agua potable y saneamiento, Agricultura y Energía hidroeléctrica (Transparency International, 2008).
  • En el caso de  los bosques la corrupción corre a lo largo de la red de valor incluyendo la asignación de derechos.
  • En el caso de recursos minero energéticos existen sonados casos de corrupción descritas prolíficamente por la prensa.

Indudablemente no se pueden hacer generalizaciones pero tampoco se puede subestimar un problema que afecta las bases mismas del desarrollo. Es un tema que requiere la más alta prioridad de atención si es que queremos avanzar a un desarrollo con equidad.

El cambio del uso del suelo, la deforestación, la degradación forestal, la alteración de suelos  y la tala ilegal debilitan el papel de los bosques para hacer frente al cambio climático. Así mismo, la extracción de madera fuera de las áreas autorizadas y en zonas frágiles de altas pendientes, el aprovechamiento mayor del volumen autorizado, el transporte y comercialización de productos forestales con documentación fraudulenta, el debilitamiento de las obligaciones asumidas en los planes de manejo forestal. Sin adecuadas medidas silvícolas y de conservación de suelos se pone en duda la sostenibilidad de los bosques y por tanto su efectividad para hacer frente al cambio climático.

Como describe FAO  (2001) los bosques cumplen un papel central en la adaptación y mitigación al cambio climático: “El carbono se acumula en los ecosistemas forestales mediante la absorción de CO2 atmosférico y su asimilación en la biomasa. El carbono se almacena tanto en la biomasa viva (la madera en pie, las ramas, el follaje y las raíces) como en la biomasa muerta (la hojarasca, los restos de madera, la materia orgánica del suelo y los productos forestales). Cualquier actividad que afecte al volumen de la biomasa en la vegetación y el suelo tiene capacidad para retener –o liberar– carbono de la atmósfera o hacia la atmósfera.” Aunque las emisiones totales de gases de efecto invernadero de los países de la Comunidad Andina son relativamente bajas no se puede desestimar las emisiones productos de la deforestación y degradación de bosques. 

Olivera (2003) producto de la experiencia americana y mundial señala que pueden  establecerse los siguientes principios en la formulación de políticas anticorrupción:

  • Se debe actuar sobre los sistemas
  • Se debe actuar preventivamente
  • Se debe actuar integralmente
  • Se debe actuar en un marco democrático
  • La prensa debe jugar un papel fiscalizador
Así mismo, según el autor arriba señalado, La definición de reales políticas anticorrupción debe implicar:
  • Una adecuada conceptualización y tipificación del fenómeno de la corrupción.
  • El análisis y tratamiento de los factores que posibilitan la corrupción.
  • El reajuste de la legislación que trata el fenómeno de la corrupción a nivel de cada país.
  • Acción internacional concertada (incluye normatividad supranacional).
Algunas de las recomendaciones que alcanza FAO (2001) para la lucha contra la corrupción en el sector forestal son:
  • Hacer que la integridad tenga una mayor recompensa
  • Imponer sanciones más severas
  • Reducir los poderes discrecionales de los funcionarios públicos
  • Simplificar el marco normativo, administrativo y reglamentario
  • Hacer un mayor uso de mecanismos de mercado
  •  Involucrar a los medios de comunicación, las ONG y el público en la lucha contra los delitos forestales
El cambio climático presenta un nuevo conjunto de retos para el sector forestal, pero al mismo tiempo crea oportunidades. Los esfuerzos internacionales de las dos últimas décadas por construir un entendimiento común, un marco normativo y un conjunto de instrumentos para la ordenación forestal sostenible constituyen una base firme para que los responsables de las políticas y los encargados de la ordenación forestal aborden el cambio climático de manera eficaz (FAO, 2011). Para hacer eso posible hay que fortalecer gobernabilidad, institucionalidad, el marco normativo, el sistema para favorecer el cumplimiento de las leyes tanto por parte de las autoridades como de los usuarios forestales. Para ello se requiere una lucha decidida contra la corrupción, visiones y agendas compartidas, recursos y voluntad política, participación y vigilancia ciudadana y un papel activo de los medios de comunicación. Se requiere además desplegar los mecanismos de acceso a la información pública, fomento de la ética en la función pública y la transparencia. Se requiere políticas y acciones expresas de lucha contra la corrupción".