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domingo, 8 de enero de 2012

Participa en el Plan de Desarrollo de Bogotá

Muchas veces nos quejamos que no nos permiten participar en la construcción y planificación de nuestro territorio y cuando se permite no lo hacemos. Es una triste realidad pero a veces es más facil criticar que construir.

Es importante que cambiemos ese chip y empecemos a proponer las alternativas de solucion que tanto necesita una ciudad como Bogotá. Actualmente se está elaborando el Plan de Desarrollo del alcalde Gustavo Petro y colocó a disposición de los ciudadanos una plataforma web para que se pueda aportar en la construcción del plan.

Los invito a participar y tambien a que posteriormente estemos pendientes de su cumplimiento.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

Acaparamiento de tierras en América Latina

Interesante estudio que publica la FAO acerca de un tema que ha venido mencionandose desde hace bastante tiempo pero que no se había dimensionado ni analizado profundamente que es la concentración y extranjerización de tierras en América Latina y el Caribe. El estudio señala que el acaparamiento de tierras, en su versión estricta, se restringe a Brasil y Argentina, aunque la concentración y extranjerización de la tierra es extendido en la región.

Contiene una reseña histórica de los procesos, actores, conflictos, políticas y conclusiones que para nuestro país es: "Además de la concentración de la tierra, se evidencia que en la última década se incrementó el monopolio de su uso en actividades mineras, petroleras y agroindustriales, por parte de grandes grupos económicos nacionales, con poder político para incidir en la formulación y adopción de políticas y leyes a su favor. Dicha concentración se da mediante compras propias de sus filiales y a través de figuras que no implican la transferencia de dominio."

Transcribo el articulo de prensa y copio el link para que descarguen el documento, el capítulo Colombia esta desde la página 156 a la 183.

Documento Acaparamiento de Tierras en América Latina

Noticia Página Fao

 
 
"Gobiernos deben encontrar formas de asegurar la concentración y extranjerización de tierras no tengan efectos negativos sobre la seguridad alimentaria, el empleo agrícola y la agricultura familiar.






Santiago de Chile, 24 de noviembre de 2011- Un estudio de la FAO en 17 países de América Latina y el Caribe halló intensos procesos de concentración y extranjerización de tierras en la región.

El estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, analizó el fenómeno de acaparamiento de tierras (land grabbing), y halló que la compra de tierras destinadas a la producción de alimentos y donde participan gobiernos extranjeros, se restringe a Brasil y Argentina. 

Sin embargo, la FAO señaló que el fenómeno de concentración y extranjerización de la tierra y de las cadenas de valor del sector silvoagropecuario es un tema que afecta a gran parte de la región (ver documento Reflexiones sobre la dinámica reciente del mercado de la tierra).
“Los gobiernos de la región deben encontrar formas de asegurar que los procesos de concentración y extranjerización de tierras no tengan efectos negativos sobre la seguridad alimentaria, el empleo agrícola y el desarrollo de la agricultura familiar”, señaló Fernando Soto-Baquero, Oficial de Políticas de la FAO. 

Masivo interés por la compra de tierras
 
“Hay un masivo resurgimiento del interés por invertir en tierras en la región. Es mucho más de lo que se asumía anteriormente, sea en términos de inversión de tierras o de acaparamiento.”, explicó el consultor de la FAO a cargo de analizar los 17 estudios sobre acaparamiento de tierra, Saturnino Borras, profesor del Instituto de Estudios Sociales de La Haya. (ver video -solo inglés)

Según Martine Dirven, especialista en desarrollo rural, en América del Sur “estamos ante una nueva ola de un proceso de extranjerización de las tierras importante. En diez años han habido aumentos de siete veces del precio de la tierra en Uruguay y un tremendo proceso de concentración de las tierras en América Latina.” (ver video, descargar audio).

Según el Director del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES), Fernando Eguren la concentración en la tierra no es sólo un fenómeno económico, “es también una concentración de influencias, de poder político en las esferas territoriales donde está ocurriendo. Finalmente también tiene que ver con restricciones en la democracia,” señaló Eguren (ver video).

Impacto sobre los pequeños productores y el empleo
 
De acuerdo a Martine Dirven, especialista en desarrollo rural, se puede constatar una reducción de los pequeños productores en los países del MERCOSUR. “En términos de empleo, muchas de estas grandes operaciones utilizan mano de obra distinta, más calificada, pero mucho menos que muchos pequeños predios” explicó Dirven. (escuchar entrevista)

Países andinos: concentración de propiedad centrada en exportaciones
 
Según Fernando Eguren, quien presentó los estudios de la FAO centrados en la región andina, allí se trata de un fenómeno liderado por inversionistas nacionales, “con frecuencia también con participación extranjera, pero básicamente es una dinámica interna nacional de concentración de la propiedad para una agricultura enteramente orientada a las exportaciones”, señaló.

“Eso está creando una serie de problemas e inequidades, de influencia muy grande sobre la orientación de la modernización de la agricultura, que deja al margen las preocupaciones por la seguridad alimentaria así como por el desarrollo de la agricultura familiar”, señaló Eguren (ver video entrevista)"

martes, 29 de noviembre de 2011

El Estado de los Recursos de Tierras y Aguas del Mundo para la Alimentación y la Agricultura

FAO: "Una extensa degradación y la escasez cada vez más aguda de recursos de tierras y agua pone en peligro a varios sistemas clave de producción de alimentos en todo el mundo, planteando un profundo desafío a la tarea de alimentar a una población mundial que para 2050 habrá llegado a los 9 000 millones de personas, indica un nuevo informe de la FAO publicado ayer 28 de noviembre.

El Estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura señala que si bien en los últimos 50 años se verificó un aumento notable en la producción de alimentos, en demasiados lugares, los logros se han asociado a prácticas de gestión que han degradado las tierras y los sistemas hídricos de los que depende la producción de alimentos.

En general, el informe pinta la imagen de un mundo que experimenta un creciente desequilibrio entre disponibilidad y demanda de tierras y recursos hídricos en los planos local y nacional. El número de zonas que están llegando a los límites de su capacidad productiva aumenta rápidamente, advierte el informe.



El Estado de los recursos de tierras y aguas tiene como fin sensibilizar a su público sobre la situación mundial y regional de los recursos de tierras y exponer la perspectiva de la FAO en materia de recomendaciones pertinentes para la formulación de políticas. El Estado de los recursos de tierras y aguas se centra en los siguientes aspectos fundamentales de análisis: (i) cantidad y calidad de los recursos de tierras y aguas (ii) tasa de uso y gestión sostenible de estos recursos en el contexto de los factores de impulso socioeconómicos y las preocupaciones pertinentes, incluidas la seguridad alimentaria, la pobreza y el cambio climático. 

Esta es la primera vez que se elabora un informe mundial de referencia sobre los recursos de tierras y aguas. La información procede de diversas bases de datos espaciales mundiales (p. ej., de idoneidad de las tierras para el uso agrícola, uso y  gestión de las tierras, degradación y agotamiento de tierras y aguas) en las que la FAO es la fuente mundial reconocida de datos. Los temas de actualidad y novedosos en materia de tierras y aguas se tratan de una manera integrada en vez de sectorial. Las consecuencias de la situación y las tendencias se utilizan para promover intervenciones correctivas a la medida de los sistemas de producción agropecuaria de las diferentes regiones geográficas. Tambien hay mapas, graficos e informes temáticos.

Comprende varios aspectos:

1. Situación y tendencias de los recursos tierras y aguas

©FAO/Asim HafeezLos recursos de tierras y aguas del planeta son limitados y sufren la presión de una población en crecimiento. Las cifras mundiales muestran un porcentaje relativamente bajo de tierras y aguas realmente destinadas a la agricultura, pero estas cifras ocultan grandes variaciones regionales y una serie de desequilibrios locales importantes entre la oferta y la demanda. La demanda de tierras y agua de los sectores no agrícolas, y un creciente reconocimiento de la necesidad de cumplir con los requisitos ambientales intensifican todavía más la competencia. En el capítulo 1 se examinan el estado actual y las tendencias de los recursos tierras y aguas, su distribución geográfica y su uso en la agricultura. Se presentan proyecciones de las demandas agrícolas futuras hacia el año 2050, y se analizan sus consecuencias tanto para la agricultura de secano y como para la de regadío.

2. Presiones socioeconómicas y situación institucional

©SwiatekWojtkowiak/www.nygus.infoEl aumento de la población aunado a las pautas de consumo son los principales impulsores de las presiones sobre los sistemas de tierras y aguas presentados en el capítulo 1. La dependencia social y cultural de la tierra y el agua se ha transformado con la aceleración de las transiciones de la agricultura y la urbanización en un mundo más interconectado. Muchas políticas interrelacionadas como el comercio, los regímenes de subvenciones rurales y los incentivos a la producción han promovido el uso de tierras y agua. Pero la gestión de la tierra y el agua tiende a quedar rezagada respecto a la política macroeconómica y los planes sectoriales de desarrollo. En muchos casos se ha producido una gestión activa sólo después de la degradación ambiental. Esta falta de perspectiva de los recursos naturales persiste, aun donde una base limitada de recursos naturales y las altas tasas de crecimiento de la población están ejerciendo una presión extrema sobre los recursos. En pocas palabras, los responsables de la planificación macroeconómica tienden a preocuparse más por la oferta y la demanda de productos agrícolas que por el suministro de insumos de recursos naturales y si éstos se ven limitados o están llegando a su límite.  

La gestión espacial a gran escala de los sistemas de tierras y aguas se inició al surgir las civilizaciones de los valles fluviales y el desarrollo agrícola consiguiente. En fecha más reciente, las instituciones de las tierras y el agua evolucionaron para facilitar el éxito de la producción agrícola intensiva asociada al adelanto de la investigación genética, la llamada "revolución verde". 

Pero en la práctica se han creado pocas instituciones de éxito para la gestión integrada de las tierras y el agua. Investigaciones recientes revelan que las instituciones de las tierras y las aguas no están al día de las pautas de uso y la competencia, y rara vez han logrado reglamentar las repercusiones ambientales y económicas. En este sentido, la armonización de las políticas y la integración institucional se han mantenido como aspiración más que como realidad operativa. La planificación del uso de la tierra y la agricultura, por ejemplo, pocas veces se acopla a la planificación de las cuencas hidrográficas o a la gestión operativa para la producción de energía hidroeléctrica o la navegación. En consecuencia, se puede afirmar que se han sacrificado oportunidades económicas y que se requiere volver a una integración mucho mejor informada y rica en conocimientos de las tierras y las aguas.   

En este capítulo se examina el estado actual de las instituciones de las tierras y las aguas y cómo ambas han impulsado constantemente mayores niveles de producción, y se ha cuidado muy poco la sostenibilidad social, económica y ambiental, en detrimento de los recursos básicos de tierras y aguas y de los ecosistemas conexos, con graves repercusiones en materia de pobreza e inseguridad alimentaria.

3. Sistemas de tierras y aguas en peligro

©FAO/K. PrattLos capítulos anteriores pusieron de relieve las amenazas actuales y futuras para los sistemas agrícolas de todo el mundo. Es evidente que las prácticas actuales y los modelos de desarrollo agrícola que se han seguido en los últimos 50 años están lejos de ser satisfactorios para afrontar los desafíos de reducción de la pobreza, seguridad alimentaria y sostenibilidad ambiental. 

Un total de 975 millones de personas, en su  mayoría población rural, no tienen la seguridad alimentaria que se merecen. Bajo la presión de la agricultura, se están dañando los suelos y las aguas, se acelera la erosión, avanzan la salinización y la infiltración de aguas marinas, así como el agotamiento de los acuíferos. Además, el modelo actual de agricultura intensiva se asocia a fuertes repercusiones en materia de carbono y gases de efecto de invernadero, al mismo tiempo que muchos sistemas agrícolas son sumamente vulnerables a los efectos previstos del cambio climático.   

©FAO/Giulio NapolitanoLa situación, sin embargo, varía considerablemente de una región a otra en respuesta a una combinación de factores biofísicos y socioeconómicos: el clima, los suelos, las aguas, la población, el desarrollo económico, así como las políticas nacionales y los cambios mundiales. En el marco de este estudio global, es necesario entonces describir y analizar los principales sistemas de producción agrícola del mundo y los desafíos específicos que afrontan. Los problemas tratados en este capítulo son la creciente competencia por las tierras y las aguas, la degradación de estos recursos, y los efectos previstos del cambio climático. Se presentan con mayor frecuencia y gravedad en los diferentes sistemas de usos agrícolas de las tierras  y las aguas en todo el mundo, y se analizan los principales sistemas en peligro al final de este capítulo. 

Tanto las zonas de secano como las de regadío están experimentando degradación o corren peligro por las limitaciones de los recursos de tierras y aguas, las prácticas actuales de uso y gestión de las tierras y las aguas, y los factores institucionales y socioeconómicos.

4. Opciones técnicas para la gestión sostenible de las tierras y las aguas

Como se mencionó en capítulos anteriores, se prevé que más de cuatro quintas partes del aumento de la producción hasta el año 2050 se verifiquen en las tierras en explotación a través del aumento de la productividad. Sin embargo, muchos de los sistemas ya están limitados, ya sea por sus actuales niveles elevados de productividad, o por problemas técnicos, socioeconómicos o institucionales. Además, conforme aumenta la intensidad de la agricultura, los riesgos y ventajas y las desventajas asociadas, tratadas en el capítulo anterior, se hacen más apremiantes. Este capítulo analiza las opciones técnicas para avanzar hacia una 'gestión sostenible de las tierras y las aguas', es decir, una gestión integrada más intensiva de las tierras, las aguas, los nutrientes y otros insumos para producir un valor agrícola mayor y mantener a la vez la calidad ambiental y conservar los recursos naturales, locales y externos.   

©FAO/Giuseppe Bizzarri
A pesar de que la superficie agrícola de secano no ha crecido, todavía se prevé que  produzca una tercera parte o más del aumento de la producción mundial de alimentos en las próximas décadas. Los sistemas de secano de las zonas templadas ya son muy productivos, pero afrontan problemas de nutrientes y contaminación por plaguicidas. Los sistemas de pequeños productores de secano en los países en desarrollo afrontan muchos más problemas de mala calidad y falta de humedad del suelo, y grandes riesgos agroclimáticos agudizados por el cambio climático. También afrontan los obstáculos de la falta de oportunidades comerciales rentables y de recursos para invertir en mejorar la productividad.

5. Respuestas institucionales

Los principales sistemas de producción de alimentos están en peligro de degradación hasta el punto en que se ve comprometida la seguridad alimentaria mundial. Es urgente mejorar las prácticas de gestión de las tierras y las aguas en estas grandes superficies agrarias de potencial moderado a alto para revertir las tendencias de degradación y mantener los niveles de productividad. También será de vital importancia la adaptación al cambio climático en las zonas productoras de cereales de todo el mundo. Dadas estas tendencias ¿qué vías se pueden establecer hacia una intensificación más sostenible? 

En algunos países y regiones será prioritario prestar atención a los sistemas en peligro. Pero más allá de esto, la gestión sostenible de las tierras y las aguas tendrá que traducirse en programas nacionales. En este capítulo se establece una dirección para la ejecución de tales programas en el estado actual y previsto de las tierras y las aguas. También se indica cómo fortalecer las instituciones nacionales a fin de proteger los derechos vigentes; cómo adaptar los conocimientos y la tecnología en colaboración con los usuarios, y cómo delegar eficazmente los mecanismos de planificación y de gestión de los recursos de tierras y aguas.


6. Conclusiones y principales recomendaciones para las políticas

©FAO/Franco MattioliEn este libro se esbozan los tres desafíos que afrontan los recursos de tierras y aguas de los que depende la agricultura: aumentar la producción de alimentos casi un 70 por ciento para 2050; reducir el hambre y mejorar los medios de subsistencia de los sectores más pobres; y minimizar o atenuar la degradación de las tierras y las aguas y de los ecosistemas en general. Existe una variedad de soluciones técnicas e institucionales, analizadas en los capítulos anteriores. Es necesario adaptarlas a los sistemas agrícolas locales y a los contextos socioeconómicos. Una mejor planificación, unida a conjuntos inteligentes de incentivos, podrá entonces  establecer un marco de inversión que asigne valores concordados al capital natural. Sobre estas bases, se puede alentar una gestión de las tierras y las aguas eficiente, equitativa y sostenible en todas las escalas. 

Ya se inició el avance hacia esta nueva "economía verde". Cada vez más, los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado buscan tecnologías y enfoques que pueden aumentar la productividad y proteger a la vez los recursos naturales básicos y los ecosistemas asociados. Se adoptan sistemas para una agricultura más sostenible y se han creado medidas para superar las limitaciones técnicas y socioeconómicas. 

Sin embargo, a pesar de estos avances, persisten considerables obstáculos para su adopción. La proliferación de instrumentos, conferencias y compromisos divergentes consume tiempo y recursos, con muy pocos efectos prácticos. Es esencial el compromiso político de las naciones y  la comunidad internacional para afrontar los problemas de manera sinérgica. 

©FAO/Olivier ThuillierAvanzar hacia vías más sostenibles de intensificación y ordenación ecológica exigirá esfuerzos adicionales. Las políticas, las instituciones y las estrategias de ejecución requerirán ajustes en los planos mundial, nacional y local para dotar a las organizaciones y los agricultores del conocimiento, los incentivos y los recursos financieros que necesitan. Con este apoyo los agricultores pueden aumentar la productividad de manera sostenible y fortalecer la integración de sus actividades agrícolas en los ecosistemas locales, equilibrando las compensaciones a fin de mantener los efectos adversos al mínimo. Un compromiso bien informado en los ámbitos local, nacional y mundial, orientado a los sistemas de tierras y aguas en riesgo, brindará a fin de cuentas el beneficio socioeconómico del crecimiento en general, reduciendo la inseguridad alimentaria y la pobreza asociada.


Principales mensajes

SITUACIÓN Y TENDENCIAS
Disponibilidad y uso de los recursos de tierras y aguas
  • Existe una variación geográfica significativa en la disponibilidad de tierras consideradas aptas para la agricultura. El crecimiento demográfico y la demanda de otros sectores ejercen una presión creciente sobre los recursos disponibles. Suponiendo que se utilicen sistemas bien adaptados de producción, las tierras que actualmente están en cultivo son en su mayor parte de calidad óptima (el 28 por ciento del total) o buena (53 por ciento). La mayor proporción regional de las mejores tierras cultivadas actualmente está en América Central y el Caribe (42 por ciento), seguidos de Europa occidental y central (38 por ciento) y América del Norte (37 por ciento).
  • En los países de altos ingresos en conjunto, la proporción de tierras óptimas actualmente en explotación es del 32 por ciento. En los países de bajos de ingresos, los suelos muchas veces son  más pobres y sólo el 28 por ciento de la superficie cultivada es de calidad óptima.
  • La superficie agrícola del mundo ha crecido un 12 por ciento en los últimos 50 años. La superficie irrigada del mundo se duplicó en el mismo período, lo que representa la mayor parte del aumento neto en las tierras agrícolas. Mientras tanto, la producción agrícola ha crecido entre 2,5 y 3 veces, gracias al aumento significativo de la productividad de los principales cultivos.
  • Sin embargo, en algunas regiones los resultados mundiales se asocian a la  degradación de los recursos de tierras y aguas, y al deterioro de los ecosistemas y servicios relacionados. Estos incluyen la biomasa, la fijación de carbono, el buen estado de los suelos, el almacenamiento y suministro de agua, la biodiversidad, así como servicios sociales y culturales. La agricultura ya utiliza el 11 por ciento de la superficie terrestre del planeta para la producción agrícola. También consume el 70 por ciento de toda el agua que se extrae de los acuíferos, ríos y lagos. Las políticas agrícolas han beneficiado principalmente a los agricultores que tienen tierras productivas  y acceso al agua, desatendiendo a la mayoría de pequeños productores que siguen atrapados en una pobreza con una gran vulnerabilidad, degradación de las tierras e incertidumbre climática. 
Políticas e instituciones
  • Las instituciones responsables de las tierras y las aguas no han seguido el ritmo de la creciente intensidad del desarrollo de las cuencas fluviales y el grado cada vez mayor de interdependencia y competencia por los recursos tierras y aguas. Se necesitan instituciones mucho más adaptables y colaboradoras para responder con eficacia a la escasez de recursos naturales y a las oportunidades del  mercado.
PERSPECTIVAS HACIA 2050
  • Hacia el año 2050 se prevé que el aumento de la población y los ingresos requiera un 70 por ciento más de producción mundial de alimentos y hasta un 100 por ciento más en los países en desarrollo, en relación con los niveles de 2009. Con todo, la distribución de los recursos de tierras y aguas no favorece a esos países que deberán producir más en el futuro: la disponibilidad media de superficie agrícola per cápita en los países de ingresos bajos es menos de la mitad que en los países de altos ingresos, y la idoneidad de las tierras cultivadas para la agricultura por lo general es más menor. Algunos países cuya demanda de alimentos crece aceleradamente también son los que afrontan elevados niveles de escasez de tierras o agua. Lo más probable es que la mayor contribución al aumento de la producción agrícola se dé por intensificación de la producción en las tierras agrícolas existentes. Para ello será necesaria la adopción generalizada de prácticas sostenibles de gestión de las tierras, y un uso más eficiente del agua de riego a través de una mayor flexibilidad y fiabilidad y una mejor aplicación del agua de riego.
 SISTEMAS EN PELIGRO
  • Es necesario hacer un examen crítico de las pautas predominantes de producción agrícola. Una serie de sistemas de tierras y aguas corre actualmente el riesgo de deterioro progresivo de su capacidad productiva, por una combinación de excesiva presión demográfica y prácticas agrícolas insostenibles. Los límites físicos de la disponibilidad de tierras y agua en estos sistemas pueden agudizarse aún más en algunos lugares por causas externas, como el cambio climático, la competencia con otros sectores y los cambios socioeconómicos. Estos sistemas en peligro exigen una atención prioritaria de medidas correctivas, simplemente porque no hay sustitutos.
CONDICIONES FAVORABLES
  • Hay potencial para ampliar la producción de manera eficiente para abordar la seguridad alimentaria y la pobreza a la vez que se limitan las repercusiones en otros valores de los ecosistemas. Hay espacio para que los gobiernos y el sector privado, así como los agricultores, intervengan en forma mucho más dinámica para  avanzar en la adopción general de prácticas sostenibles de gestión de las tierras y  el agua. Las medidas no sólo incluyen opciones técnicas para promover la intensificación sostenible y reducir los riesgos de la producción, también comprenden un conjunto de condiciones para eliminar las limitaciones e incrementar la flexibilidad. Estas incluyen (1) la eliminación de deformaciones en el marco de los incentivos, (2) mejora de la tenencia de la tierra y el acceso a recursos, (3) instituciones de las tierras y las aguas fortalecidas y más colaboradoras, (4) servicios de apoyo eficientes, con intercambio de conocimientos, investigación adaptativa, y finanzas rurales, y (5) un acceso mejor y más seguro a los mercados.
COOPERACIÓN INTERNACIONAL, INVERSIÓN Y POLÍTICAS 
  • La adopción  generalizada de prácticas sostenibles de gestión de las tierras y las aguas también requerirá que la comunidad mundial tenga la voluntad política para aportar el apoyo financiero e institucional necesario para fomentar la adopción generalizada de prácticas agrícolas responsables. Es necesario dar marcha atrás a la tendencia negativa de los presupuestos nacionales y la ayuda oficial para el desarrollo asignada a las necesidades de las tierras y las aguas. Algunas posibles nuevas opciones de financiación son el pago por servicios ambientales (PSA) y el mercado de carbono. Por último, existe una necesidad de integración mucho más eficaz de las políticas internacionales e iniciativas relacionadas con la gestión de las tierras y las aguas. Sólo con estos cambios el mundo podrá alimentar a sus ciudadanos a través de una agricultura sostenible que produzca dentro de los límites del medio ambiente".


lunes, 7 de noviembre de 2011

Los retos del agua en el cambio hacia la economía verde


El portal Iagua.es publicó una serie de documentos informativos de la Fao con respecto al Agua en la agricultura, ciudades, industria asi como tambien en cuanto a su financiación, capacitación y tecnologías, los cuales se elaboraron en  en el marco de la conferencia “El agua y la economía verde en la práctica: hacia Río+20” del 3 al 5 de Octubre de 2011.

Son documentos muy concretos con la situación del recurso y los retos que plantea.

Transcribo y copio el link



Notas informativas sobre los temas

La transición hacia una economía verde requiere un giro en cuanto a las prácticas actuales. La conferencia de ONU-Agua identificó cuatro temas prioritarios relativos al agua en los que es necesario el cambio hacia una economía verde: la agricultura, la industria, las ciudades y las cuencas.

Las notas informativas sobre los temas de la conferencia presentan los principales retos, oportunidades y datos más relevantes relacionados con cada uno de los temas identificados. Las notas recogen también una serie de prácticas y propuestas para la transición hacia la economía verde, en línea con lo señalado por las organizaciones presentes en la conferencia.

Estas propuestas vienen ilustradas por los casos de estudio presentados durante la conferencia. Las notas informativas giran en torno a los siguientes  temas de la conferencia:



Notas informativas sobre las herramientas

La conferencia destacó las diferentes herramientas que pueden utilizarse para promover el cambio y apoyar la transición hacia una economía verde, sacar provecho de las oportunidades y abordar temas importantes como las desigualdades. Estas herramientas nos permiten hacer más con menos, identificar potencialidades y modificar comportamientos con el fin de crear una economía verde.

Las notas informativas sobre las herramientas presentan los principales retos, oportunidades y datos más relevantes relacionados con cada una de las herramientas identificadas. Las notas recogen también una serie de prácticas y propuestas para la transición hacia la economía verde, en línea con lo señalado por las organizaciones presentes en la conferencia. Las propuestas vienen ilustradas por los casos de estudio presentados durante la conferencia. Estas notas giran en torno a los siguientes temas de la conferencia:


sábado, 29 de octubre de 2011

7.000 millones y creciendo

En entradas anteriores hemos hablabamos de que el modelo económico actual no es sostenible, de la importancia de nuestros recursos naturales y de la busqueda inalcanzable del tan anhelado Desarrollo Sostenible.

La BBC publico estas 3 noticias que le añaden varias aristas más a este tema de vital importancia pues plantea interrogantes algidos actualmente: ¿Cómo asegurar que cada uno de nosotros tenga un nivel de vida digno y al mismo tiempo, preservar los recursos de la Tierra?, ¿Podemos ser verdes a medias?

Transcribo y copio el link de las noticias.




El consumo creciente es la amenaza clave al aumento de la población

Miércoles, 26 de octubre de 2011

Multitud en una calle
El paso al que crece la población mundial está superando los cálculos hechos por Naciones Unidas. El biólogo estadounidense Edward Wilson examina las perspectivas de sobrevivencia de un mundo que, dentro de muy poco, enfrentará el desafío de sostener a siete mil millones de habitantes.Es absolutamente crucial controlar desde muy cerca el crecimiento de la población humana.
De hecho, ya estamos superando las expectativas de Naciones Unidas, con unos 9.000 millones calculados para 2043. Deberíamos tratar de frenarnos en los 10.000 millones. Eso sería factible, y las tendencias van en esa dirección, con una baja de las tasas de fertilidad en todos los continentes.Pero habría que poner más esfuerzos en alejarnos del sometimiento de la mujer, de los nacimientos no deseados y de un crecimiento de la población generalizado.

Sin embargo, aún más importante, deberíamos estar tratando de manera creativa con el asunto del creciente consumo per capita en el mundo. Eso va a tener consecuencias devastadoras y tenemos que abordar el problema de modo que apuntemos a un estándar de alimentación y niveles de vida decentes para la gente en todo el orbe, que sean sostenibles.

Eso no está en ningún programa del mundo de una manera que tenga una repercusión sobre países individuales y la gente que está más involucrada. Estoy particularmente preocupado por lo que estamos haciendo con el resto de la vida. Estamos destruyendo la diversidad biológica, que consiste en ecosistemas y las especies que viven en ellos.

El peligro de ser verde a medias

Según Wilson, debemos volcar nuestra atención a las partes vivas de los ecosistemas.
Parte de nuestro problema en ser verde a medias es que la población mundial ha estado centrándose en las partes no vivas del medio ambiente, en los recursos naturales, en la calidad del agua, de la atmósfera, en el cambio climático tec. Todo eso está muy bien, pero ahora deberíamos volcar nuestra atención, con igual énfasis, a la parte viva de nuestro medio ambiente, hacia nuestros ecosistemas naturales que aún están en pie y la gran mayoría de especies, que tienen millones de años y están en proceso de erosión.


Quisiera ver que se pone mayor atención al establecimiento de reservas y parques en todo el mundo. Ya lo estamos haciendo en algunos lugares, pero de manera parcial, y no a la velocidad necesaria. Necesitamos seleccionar más lugares de refugio, donde la naturaleza, donde el resto de la vida, el medio ambiente vivo pueda ser protegido, mientras resolvemos nuestros problemas como especie y nos asentamos antes de destruir la totalidad del planeta.

Alternativas para el siglo que viene

"Pero habría que poner más esfuerzos en alejarnos del sometimiento de la mujer, de los nacimientos no deseados y de un crecimiento de la población generalizado."Edward Wilson
Vamos a entrar al siglo XXII ya sea con un planeta en muy malas condiciones y con menos perspectivas de habitabilidad para nuestra especie, o bien, con las suficientes reservas de vida preservada y el potencial para reconstruir un mundo natural suficiente como para darle a la humanidad un asomo de paraíso, con un estándar de vida decente para todo el mundo.

No podemos pretender que los países desarrollados elaboren programas de producción y consumo sostenibles, hasta que los países desarrollados no lo hagan mejor y muestren el camino. Por ahora, la gente rica tiene niveles de consumo absurdos y las diferencias, incluso en los países desarrollados, entre el sector más rico y el sector más pobre están acentuándose. Ésta es una tendencia peligrosa. Necesitamos dar un ejemplo en los países desarrollados, por lo menos a través de una limitación moderada de nuestro consumo y una distribución de la riqueza más sabia.





Somos 7.000 millones: cinco desafíos ambientales

 Miércoles, 14 de septiembre de 2011

Manifestantes
La población mundial llegará a 9.000 millones en el 2043. En el 2050 será de 9.300 millones.

En octubre de 2011, la población del planeta alcanzará oficialmente los siete mil millones, un tema que será debatido este miércoles en la sede de Naciones Unidas en Nueva York y que planteará enormes desafíos a nivel mundial.

Población de América Latina


  • Actualmente cercana a los 600 millones, un 8,6% de la población mundial.
  • En 2050, la población de A. Latina será de 750 millones, un incremento de 150 millones en 40 años
  • En 2050 la población mundial sera de 9.300 millones
Y la cifra llegará a 9 mil millones en el año 2043. De acuerdo a la ONU, la producción de alimentos deberá aumentar para 2050 en un 70% y uno de los grandes interrogantes es cómo será posible alimentar a la población mundial intentando al mismo tiempo mantener el equilibrio del planeta. El cambio climático podría afectar además el rendimiento agrícola y tener un impacto negativo en la producción de alimentos.

La ONU publicará a fines de octubre su nuevo Estado de la Población Mundial, pero BBC Mundo habló con José Miguel Guzmán, jefe de población y desarrollo del Fondo de Población Mundial de la ONU, sobré algunas de las cifras más llamativas que ya se conocen y su significado. Vea cuáles serán algunos de los grandes desafíos a nivel mundial y en especial para América Latina.


Producción de alimentos

Cosecha de uvas"El aumento del 70% en la producción de alimentos para 2011 tiene que ver con un componente de población, pero el mayor componente tiene que ver con el cambio en los patrones de consumo", dijo Guzmán a BBC Mundo. La producción mundial de alimentos tendrá que aumentar un 70% para 2050 según la FAO.


Es razonable esperar que el crecimiento económico en Asia e incluso en América Latina va a significar un aumento en el nivel de vida y por tanto en el consumo, dijo el experto de la ONU. "Uno de los desafíos es que podemos apoyar a las más de 200 millones de mujeres en el mundo que tienen necesidades insatisfechas en materia de planificación familiar".

"Obviamente los países menos desarrollados tienen derecho a tener un nivel de desarrollo y que sus poblaciones no estén en un nivel de pobreza y eso va a significar mayor consumo, pero esto es distinto al consumo que genera mayores gases de invernadero". La ONU en el contexto de la conferencia de Río + 20, en 2012, está promoviendo el concepto de la economía verde, como una forma en que los países se comprometan a reducir la pobreza en el mundo, pero al mismo tiempo sin que esto genere un aumento similar en las emisiones de CO2.

Emisones de CO2.

Fábrica emitiendo CO2Según algunas estimaciones, las emisiones de una persona en EE.UU. hoy equivalen a las de cuatro chinos y 250 etíopes.Todos tienen derecho a un mejor nivel de vida y por tanto a una cuota de emisiones. Pero la importancia de este dato varía cuando se piensa a largo plazo, señaló Guzmán. "Me gustaría pensar que los etíopes no van a tener en 30 años el mismo patrón de consumo, porque sería suponer que vivirán en extrema pobreza".

Si cada persona tiene derecho a un nivel de vida y por tanto a una cuota de emisiones, el peso en las emisiones de CO2 de países con altas tasas de fecundidad será mucho mayor a largo plazo. No tomar esto en cuenta "puede llevarnos a subestimar el efecto que el crecimiento de la población puede tener en las emisiones en el futuro".

Urbanización

Para 2045 más de dos de cada tres personas en el mundo vivirán en sitios urbanos o periurbanoos. América Latina tiene dos grandes megalópolis con cerca de 20 millones, Sao Paulo y Ciudad de México.
"En los proximos 25 años, la población urbana de América Central se va a incrementar en 40 millones de personas"José Miguel Guzmán, Fondo Mundial de Población de Naciones Unidas
"Pero veamos por ejemplo que pasará en América Central, donde entre el 2010 y 2035, en los proximos 25 años, la población urbana se va a incrementar en 40 millones de personas y va a pasar de 110 a 150 millones. Lo importante es ver cómo estamos planificando para este crecimiento poblacional".

Casi todo el crecimiento en los próximos 40 años a nivel mundial será en ciudades, pero la urbanización no es necesariamente un factor negativo para el medio ambiente, según Guzmán. "Al concentrar la población genera economías de escala. Si se piensa en un modelo más concentrado que la ciudad completamente abierta, eso puede significar también que los servicios pueden llevarse con un menor costo".

Envejecimiento

ManosLa población de A. Latina mayor de 60 años se duplicará entre 2010 y 2030. Los desafíos que enfrenta el mundo son muy distintos. Países como Corea del Sur están preocupados para que la fecundidad quede al menos a nivel de dos hijos, pero en África hay países con fecundidad muy elevada. 



"La población de A. Latina mayor de 60 años se duplicará entre 2010 y 2030 (sólo 20 años), pasando de 59 a 118 millones", dijo Guzmán a BBC Mundo.
"En la actualidad la proporción de personas de 60 y más es de 10%, pero se incrementara a 25%; es decir, una de cada cuatro personas en A. Latina en el 2050 será una persona mayor de 60 años".

Adolescentes y educación

Estudiantes

A nivel mundial, se estima que el número de jóvenes entre 10 y 19 años es de 1.200 millones. "América Latina tiene en estos momentos 110 millones de adolescentes entre 10 y 19 años. Pero el número irá disminuyendo fruto de la baja de la fecundidad".



El desafío, que ya se plantearon los tigres asiáticos, es invertir en capital humano para que esa población se inserte productivamente y los países puedan crecer en competitividad. América Latina debe aprovechar su actual bono demográfico para invertir en capital humano, al igual que los tigres asiáticos, según Guzmán. 

De acuerdo a Guzmán, A. Latina tiene un escenario muy positivo para aumentar su inversión en capital humano, a diferencia de África, donde la población de adolescentes está en pleno crecimiento hasta el 2050 o más. "A. Latina está viviendo un periodo de bono demográfico, tiene una población joven que no está creciendo fuertemente, una población de personas mayores que todavía no es tan grande y una poblacion de la fuerza de trabajo que es muy numerosa". "Pero esto no dura por siempre". Lo que hicieron los tigres asiáticos fue aprovechar ese bono en su momento e invertir en capital humano, es decir, educación y salud.

De acuerdo al experto, A. Latina está en una posición más ventajosa que, por ejemplo África, donde el gran aumento de la población adolescente requiere atención a problemas básicos de provisión de educación y salud. A. Latina podría hacer algo similar a lo que hizo por ejemplo Corea del Sur, donde la inversión en educación estuvo cercana al proceso productivo. Se invirtió, por ejemplo, en carreras de ingeniería relacionadas con la producción de electrodomésticos, un sector exportador clave para el país. "Gracias a eso se calcula que un 30% del crecimiento del PIB se generó gracias a la inversión de capital humano como consecuencia de este bono demografico", señaló Guzmán.



Somos 7.000 millones, ¿cuáles son los desafíos?

Miércoles, 26 de octubre de 2011
 
El 31 de octubre, según las proyecciones de Naciones Unidas, la población mundial llegará a 7.000 millones, mil millones de personas más que hace sólo 13 años y 6.000 millones más que al comenzar el siglo XIX. En su informe anual lanzado este miércoles en Londres, el Fondo de Población de la ONU, UNFPA por sus siglas en inglés, advierte sobre enormes desafíos.
"¿Cómo asegurar que cada uno de nosotros tenga un nivel de vida digno y al mismo tiempo, preservar los recursos de la Tierra? ¿Cómo reducir la brecha entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres? ¿Cómo lograr que las ciudades sean aptas para vivir? ¿Que las mujeres tengan la libertad suficiente para decidir en materia de reproducción?", señaló Safiye Cagar, vocera de UNFPA.

Años en que aumentó la población mundial, con incrementos de mil millones

  • 1.000 millones. . . 1804
  • 2.000 millones. . . 1927 (123 años después)
  • 3.000 millones. . . 1959 (32 años después)
  • 4.000 millones. . . 1974 (15 años después)
  • 5.000 millones. . . 1987 (13 años después)
  • 6.000 millones. . . 1999 (11 años después)
  • 7.000 millones. . . 2011 (13 años después)
  • 8.000 millones... 2024 (13 años después)
  • 9.000 millones... 2042 (18 años después)
El hito de siete mil millones de personas va acompañado, según el informe, de éxitos, reveses y paradojas.

-Si bien, en promedio, las mujeres tienen menor cantidad de hijos que en el decenio de 1960, la cantidad de seres humanos sigue aumentando. En algunos países las altas tasas de fecundidad perpetúan la pobreza, mientras que en algunas naciones ricas el bajo número de adultos en actividad laboral pone en peligro los sistemas de seguridad social.

-La expectativa de vida promedio ha aumentado 20 años desde 1950, de 48 a 68 años, pero se estima que más de 880 millones de personas a nivel global aún no tienen acceso a fuentes seguras de agua potable, y 2,6 millones carecen de servicios básicos de sanidad como excusados.

-La Tierra en 2011 alberga enormes desigualdades. En 1960, el 20% más rico de la humanidad percibía el 70% de los ingresos. En 2005, de acuerdo al Banco Mundial, ese porcentaje había aumentado al 77%. Ese mismo año, la misma institución estimó que el número de personas viviendo en extrema pobreza, con US$1,25 o menos al día se situaba en 1.400 millones.

-En el planeta viven 1.200 millones de adolescentes o preadolescentes entre 10 y 19 años. Pero más de 101 millones de niños en edad escolar no van a la escuela, y de este grupo más de la mitad son niñas. Se estima también que de los más de 770 millones de analfabetos adultos, dos tercios son mujeres.

Gráfico sobre el crecimiento de la población mundial

Los desafíos de América Latina

En su informe, la ONU se centró en el estudio de nueve países, entre los que se incluyen China, Egipto, India y México. Uno de los temas analizados en el caso mexicano es el impacto de la educación sexual en las decisiones reproductivas.

"Los estudios de evaluación han mostrado que la educación sobre sexualidad tiene repercusiones en cuanto a aplazar la edad de la primera relación sexual, acrecentar la utilización de métodos anticonceptivos, especialmente condones (preservativos), y reducir los niveles de violencia contra las adolescentes. Esto redunda en la reducción de los embarazos precoces y no deseados y en la disminución de la cantidad de casos de VIH/SIDA", señala en el informe Gabriela Rivera, Oficial auxiliar de Programas en la Oficina del UNFPA en Ciudad de México.

Jóvenes en Etiopía ©UNFPA/Antonio Fiorente La población de América Latina es actualmente cercana a los 600 millones, un 8,6% de la población mundial, y se estima que llegará en 2050 a los 750 millones. Entre los desafíos principales para la región se encuentran la creciente urbanización y el envejecimiento de la población.


El número de adolescentes y preadolescentes, entre 10 y 19 años, es de 1.200 millones."En los próximos 25 años, la población urbana de América Central se va a incrementar en 40 millones de personas. Lo importante es ver cómo se está planificando para este crecimiento poblacional", dijo a la BBC José Miguel Guzmán, jefe de población y desarrollo del UNFPA.Por otra parte, "la población de A. Latina mayor de 60 años se duplicará entre 2010 y 2030 (sólo 20 años), pasando de 59 a 118 millones", agregó Guzmán.

9.000 millones en 2043

La ONU prevé que la población mundial llegará en 2050 a 9.300 millones. En el siglo XXI, Asia seguirá siendo la región más poblada, pero África ganará terreno. Se prevé que su población se triplicará, de 1.000 millones en 2011 a 3.600 millones en 2100.

En un planeta que enfrenta el impacto del cambio climático y la pérdida de biodiversidad, el gran interrogante es cómo proveer una vida digna para otros dos mil millones de personas en forma compatible con la preservación de la Tierra. La Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación, FAO, advirtió en el pasado que será necesario producir un 70% más de alimentos para 2050.

El informe de la ONU afirma, por su parte, que si desde ahora se realiza una correcta planificación "nuestro mundo de siete mil millones y más podría tener ciudades prósperas y sostenibles". El documento recuerda la importancia de ofrecer información para los más de 200 millones de mujeres en el mundo en desarrollo que quieren acceso a la planificación familiar pero no lo tienen. Pero para muchos no se trata simplemente de controlar la población, sino de reducir los patrones de consumo en los países desarrollados.


Paul Ehrlich Foto Linda A. Cicero / Stanford News ServiceEl biólogo Paul Ehrlich advirtó sobre el impacto de la población en los recursos y ecosistemas del planeta.En su libro de 1968, titulado "La bomba de población", el biólogo Paul Ehrlich ya advertía sobre los riesgos de un crecimiento descontrolado del número de personas en el planeta.
¿Qué problemas ve Ehrlich hoy en día?


Desde la Universidad de Stanford, el biólogo señaló que "estamos viendo distorsiones climáticas que llevan a aumentos en el precio de los alimentos, pérdida de biodiversidad, deterioro en los servicios aportados por ecosistemas (...) y una reducción en la probabilidad de que pueda evitarse el primer colapso catastrófico de una civilización global".

"Cuando es necesario, las sociedades humanas han mostrado una habilidad increíble de cambiar rumbos hacia nuevas direcciones. Por ejemplo, los patrones de consumo cambiaron de un día para otro durante la Segunda Guerra Mundial y vimos el éxito de los movimientos de derechos civiles. Soy optimista de que cuando llegue el momento, la forma en que tratamos el medio ambiente y a otros seres humanos será tema prioritario en todas partes. Mi único temor es que esto no suceda a tiempo".


jueves, 6 de octubre de 2011

 Cuando se habla de Economia Verde y su relación de los recursos naturales, quisiéramos encontrar una guía que incluya las publicaciones más recientes y destacadas. Las Naciones Unidas se dió a la tarea y elaboró esta guía para facilitar a los lectores interesados en el tema familiarizarse y tener disponibles en línea los temas relacionados con el agua y la economía verde.

Es producida por el Programa de ONU-Agua para la Promoción y la Comunicación en el marco del Decenio (UNW-DPAC)


Descarga la guía en el siguiente link

Guía de lectura El Agua y la Economía Verde

miércoles, 3 de agosto de 2011

Latinoamérica: Dime como están tus ríos y te diré quién eres

Recordando a Eduardo galeano con "Las Venas Abiertas de America Latina", encontre este excelente artículo de Lenin Cardozo acerca del estado de los ríos de America Latina y bien podría caberle el título "Las venas tapadas de America Latina".

A lo largo de los articulos del blog hemos puesto de manifiesto la importancia que tienen no solo el agua, sino todos nuestros recursos naturales, la necesidad de que conozcamos sus problemáticas y las posibilidades de generar alternativas de solución.

Los invito a que lean este excelente artículo. Transcribo y copio el link.


"Latinoamérica: Dime como están tus ríos y te diré quién eres

El grado de civilidad de una sociedad o nación, se mide por la capacidad de generar bienestar a sus ciudadanos, protección a la niñez, a las personas adultas y discapacitadas y armonía con su entorno, incluyendo respeto a las otras formas de vida no humana. Otro indicador, son las condiciones de sus ríos, la forma de cómo coexisten con esas arterias naturales del agua dulce.



En la región, gobiernos nacionales y locales, van y vienen, más o menos con las mismas promesas civilizadoras. Adornadas con las frases características según la ideología que profesan. Pero lo que no han podido disfrazar o maquillar con aires esperanzadores, son esas venas abiertas de la América Latina, que están cada vez más taponeadas por los desperdicios que a diario reciben. Allí, la realidad, supera toda ficción discursiva.



De los 100 ríos principales del subcontinente, la mitad están altamente impactados por la contaminación que en ellos se depositan. Su común denominador: receptores de aguas cloacales o servidas, agroquímicas, residuos químicos o petroquímicos, movilizadores de basura, cementerios flotantes de animales muertos, permanentes depósitos de cauchos vehiculares, chatarra, escombros, entre otros. Los que aun son utilizados como transporte fluvial, reciben la carga de los lastres o combustibles que los barcos o lanchas a diario expulsan. Y las posibilidades de regenerase o diluir con su caudal natural alguna de las sustancias que reciben, se imposibilita, debido a las múltiples represas que a lo largo de sus cursos son realizadas.



Siendo los más vulnerados, los ríos que cruzan las grandes urbes. Los mismos, terminan convirtiéndose en embauladas cloacas a cielo abierto de esos fashion lugares. Capitales supuestamente glamurosas, de imaginarias atmósferas “pacholí”, que ocultan su daño a la naturaleza, al saturar inmisericordemente sus ríos interiores.

Como cuesta creer que ciudades tan especiales como Buenos Aires, Córdova, Santiago, Bogotá, Caracas, entre otras, son atravesadas por ríos históricos y estos hoy, se han convertido en una especie de hijos no deseados, innombrables e ignorados, donde el colectivo de cada una de esas ciudades, en una repentina amnesia parcial, prefieren olvidar su existencia, antes que actuar y hacer los esfuerzos requeridos, para recuperar esos importantes ríos y de igual manera, reivindicar su real imagen de sociedad.



Mientras todo esto ocurre, el mundo cada vez esta más lleno de sed y Latinoamérica con su mayor indiferencia, se tapa los ojos y oídos, ante el envenenamiento continuo de las pocas aguas dulces que aun disponemos.







miércoles, 20 de julio de 2011

10 ideas para reconstruir a Colombia

El tema de la tragedia invernal y de sus causas sera el protagonista por mucho tiempo, pero lo realmente importante es qué aprendimos de ella y qué podemos hacer para corregir los errores cometidos?  El Espectador sacó un buen artículo acerca de como se podria reconstruir a Colombia en lo Ambiental y consulto a 10 autoridades en el sector ambiental. Interesantes ideas y sobre todo, propuestas para hacer de nuestro país una nacion responsable en lo ambiental, cultural y social que redunde en un mejoramiento de la calidad de vida para todos. Es simplemente que nos hagamos la pregunta: ¿Cómo queremos a la Colombia del futuro?

Transcribo y copio el link



"10 ideas para reconstruir a Colombia
Por: Elespectador.com

¿Qué se debe hacer para evitar una tragedia ambiental? El Espectador les preguntó a 10 colombianos sobresaliente qué harían. Estas son sus ideas.

Expertos hablan sobre el tema.

Emergencia ambiental en Colombia

José Yunis

Representante para Colombia de The Nature Conservancy, una de las ONG ambientales más destacadas del mundo. Sus 18 años de experiencia profesional en leyes ambientales y políticas públicas también incluyen trabajo para el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, la Autoridad de Parques Nacionales. Su idea: reducir la ganadería extensiva y aumentar la riqueza pesquera.

Cerca del 40% del territorio nacional, esto es aproximadamente 38 millones de hectáreas, está dedicado a la ganadería extensiva. Una ganadería ineficiente, que se lleva a cabo sin preguntarnos qué tanto vale la pena, sin considerar siquiera si los ecosistemas donde pastan las vacas son apropiados para esta tarea o podrían tener mejor uso. Basta con una visita a los páramos colombianos para descubrir que las pisadas del ganado destruyen el frágil equilibrio de especies que capturan el agua, riegan las montañas y abastecen nuestros acueductos.

La ganadería extensiva, sin control, al vaivén de los caprichos de pequeños, medianos y grandes comerciantes es responsable de buena parte de la pérdida de biodiversidad en Colombia. Es un exabrupto tener una vaca ocupando tres o más hectáreas. Puesto en otras palabras, destruimos tres hectáreas de selva con todas las diferentes especies y árboles para obtener 400 ó 500 kilos de carne. ¡Por favor! Hay mejores técnicas productivas, herramientas para incrementar la productividad.

Por esto reducir a 12 ó 13 millones de hectáreas el territorio asignado a esta actividad económica es una tarea inaplazable si queremos conservar nuestra mayor riqueza como país: la biodiversidad. Se trata, por supuesto, de una idea polémica. Muchos ya se estarán preguntando cómo reemplazar el aporte de proteínas de la carne en la dieta de los colombianos.

La respuesta está en la cuenca del gran río Magdalena que incluye el río Cauca. Tenemos que devolver la pesca a estos grandes brazos de agua. ¿Alguien recuerda la subienda? Por cuenta de la contaminación, la sobreexplotación y la destrucción de ecosistemas perdimos una producción de pesca natural que alguna vez nos entregó hasta 80.000 toneladas de pez al año. Hoy, las redes de los pescadores no sacan más de 8.000 toneladas de peces, que además de estar contaminadas con peligrosos metales pesados, tiende a seguir en franca caída. Lo más grave de todo esto es que Colombia tiene un promedio de pesca paupérrimo de 200.000 toneladas al año incluyendo mar y ríos.

Devolver la pesca al río Magdalena no es sólo ético, sino económicamente razonable y rentable. ¿Cómo hacerlo? Simple control y vigilancia para el manejo del recurso. No es más, no es menos. No puedo evitar pensar que es una de las mayores estupideces de nuestra historia que desequemos las ciénagas de la depresión momposina para poner vacas y no desarrollar su potencial pesquero. Puede ser que esto beneficie a algunos grupos, pero es claro que no beneficia a Colombia.

Entendamos y respetemos nuestros ríos. Es, además, la mejor forma para protegernos de tragedias como las que vivimos por cuenta de la ola invernal. Dejemos ya esa sempiterna costumbre de buscar el ahogado aguas arriba.


Cristian Samper

Director del Museo de Historia Natural del Smithsonian en Washington. Biólogo y creador de una red de más de 200 reservas en Colombia. Diseñó un programa de educación ambiental que se aplica en más de 10.000 escuelas. Colaboró en la creación del Ministerio de Medio Ambiente. Su idea: desarrollar mercados para los servicios ambientales.

La tragedia que afectó miles de familias en la Costa Caribe este año se hubiera podido evitar. El problema surgió cuenca arriba y tiempo atrás. Durante los últimos dos siglos hemos talado la mayor parte de los bosques andinos de las cuencas altas en los ríos Cauca y Magdalena y hemos drenado los humedales del Caribe para dar paso a cultivos y ganadería. Ambos cumplen una función importante en la regulación de los caudales de los ríos en épocas de lluvia. Colombia parece un camarón y se lo está llevando la corriente.

Pero si en Colombia llueve, en Estados Unidos no escampa. Las recientes inundaciones en la cuenca del río Misisipi también desplazaron a miles de familias. Las fuertes lluvias en las cabeceras del río resultaron en los niveles históricos mas altos registrados cuenca abajo, que llevaron a abrir represas y taludes, inundando miles de hectáreas de cultivos. Estos errores salen caros. En la Florida se adelanta un gigantesco proyecto para restaurar los humedales de los Everglades, restituyendo los flujos de agua naturales, deshaciendo los errores del pasado, a un costo superior a los US$7.000 millones.

Es hora de cambiar el modelo de desarrollo, para evitar que la historia se repita. Es hora de emprender la reconstrucción ambiental de Colombia y de usar la enorme riqueza ambiental para el bienestar de la gente. Esta agenda debe incluir al menos cuatro elementos principales:

Primero, la conservación y restauración de ecosistemas naturales. Estamos a tiempo para preservar remanentes importantes de bosques, páramos, sabanas naturales, costas y mares. En zonas como el Caribe y la Sabana de Bogotá, la tarea requiere de la restauración de humedales y bosques que han desaparecido.

Segundo, debemos avanzar en el conocimiento de la biodiversidad y sus servicios ambientales. Colombia representa menos del 1% de la superficie del planeta y contiene más del 10% de la biodiversidad. Pero todavía no la conocemos, mucho menos qué tan rápido la estamos perdiendo o cómo esta riqueza se puede ver afectada por fenómenos como el cambio climático.

Tercero, debemos evaluar y valorar los servicios ambientales de la biodiversidad. Estos servicios incluyen alimentos y medicinas, pero también incluyen la regulación de cuencas y la productividad de los suelos. Debemos evaluar estos servicios y usar esta información en los planes de ordenamiento territorial.

Cuarto, debemos desarrollar los mercados para estos servicios ambientales. los pueblos y ciudades de Colombia dependen de las cuencas para su desarrollo, pero en muchos casos no se reconocen ni pagan estos servicios. Por fortuna, ciudades como Bogotá están pagando por el uso del agua que proviene del Parque Nacional Natural de Chingaza. Pero existen otros mercados que debemos aprovechar, como son el mercado del carbono para mitigar el cambio climático o los productos biotecnológicos para salud y alimentación.

Colombia y sus regiones se están beneficiando de la bonanza minera y petrolera, pero esta es una solución a corto y quizá mediano plazo. La verdadera riqueza de Colombia está en sus recursos naturales y es hora de usarlos sabiamente. Es hora de conocer, conservar y comerse el camarón, antes de que se lo lleve la corriente del desarrollo.


Margarita Astrálaga

Actual directora para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Bióloga de la Universidad de los Andes. Vivió en Nairobi, Kenia, donde estuvo a cargo del Programa de Mares Regionales de América Latina. En Suiza trabajó en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre. Su idea: Conservar ecosistemas, un seguro contra los riesgos.

No hay duda de que las inundaciones, las sequías y las tormentas son fenómenos naturales. Pero detrás de ellos es habitual encontrar, en mayor o menor medida, la mano del hombre. La Evaluación Global sobre la Reducción de Riesgos de Desastres de 2009 relacionaba estos fenómenos con los llamados “motores de riesgo”: la urbanización excesiva, una gobernanza urbana deficiente, la vulnerabilidad de los medios de vida rurales o la degradación de los ecosistemas. Son factores que pueden provocar sufrimiento humano a escala masiva y pérdidas económicas incalculables.

La gestión de riesgos relacionada con la pobreza en un clima cambiante requiere un cambio urgente en las políticas actuales de desarrollo, con un nuevo enfoque hacia la conservación y restauración de los ecosistemas y la prevención de desastres naturales.

Colombia comparte con gran parte de América Latina un escenario común de riesgos, pero también de soluciones. Se consideran indispensables el ordenamiento territorial y el reasentamiento de la población en áreas de bajo o ningún riesgo, y la promoción de actividades productivas sostenibles y adaptadas a los efectos esperables del cambio climático. Ya no hay excusa. La falta de prevención tiene consecuencias dramáticas, que suelen pagar los más débiles.

Es igualmente urgente la recuperación y la buena gestión de cuencas, así como la realización de proyectos sociales de gestión ambiental, y reducción de pobreza. Ninguna de estas medidas es posible sin antes fortalecer la gobernanza ambiental y el marco institucional tanto a nivel nacional como regional. No es suficiente tener buenas leyes, si no hay un sistema adecuado de rendición de cuentas y supervisión de su cumplimiento, y de sanción en caso contrario.

Cada vez son mayores las evidencias del papel de los ecosistemas como continuos generadores de beneficios para la naturaleza y la sociedad. Un ecosistema sano y bien gestionado no sólo mitiga los efectos de las catástrofes naturales, sino que facilita la recuperación posterior.

Los ecosistemas forestales y los humedales en particular tienen un papel fundamental en la prevención y mitigación de los desastres naturales, como las inundaciones. Los humedales funcionan como esponjas y los bosques absorben la humedad, para después liberarla lentamente.

Como si de pilares naturales se tratara, los árboles contribuyen a sostener el terreno, a fijarlo para frenar la erosión, lo que reduce las posibilidades de aludes de tierra. En la costa, los manglares también actúan como parapeto frente al viento y disminuyen el impacto de las tormentas tropicales en las zonas costeras.

Estos ecosistemas también dan cobijo, alimento, empleo, medicinas, energía y seguridad a billones de personas en todo el mundo. De acuerdo con la FAO, en 2006, por ejemplo, la contribución de la industria forestal al Producto Interno Bruto global fue de 1% —468 miles de millones de dólares—.

Desafortunadamente, el ser humano destruye 13 millones de hectáreas de bosques tropicales anualmente, una superficie como la de Grecia. En la última década, la mayor pérdida neta de bosques se ha producido en África y América del Sur.

Es fundamental que los tomadores de decisiones adopten y apliquen políticas que permitan una adecuada gestión ambiental, revirtiendo la deforestación, asegurando la conservación y el manejo y uso sostenible de los ecosistemas; y promoviendo la movilización de inversiones, tanto públicas como privadas, que garanticen un desarrollo con mayor equidad del que se beneficien no sólo ésta, sino también las próximas generaciones. Igualmente importante es que la ciudadanía esté bien informada, ya que lo que está en juego es su presente y su futuro. El camino hacia el desarrollo sostenible se hará más corto si transcurre al abrigo de nuestros ecosistemas.

 
Julio Carrizosa

Ingeniero civil de la U. Nacional y máster en Administración Pública de la U. de Harvard. Exdirector del Instituto de Estudios Ambientales. Miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su idea: disminuir la presión de la población en la región andina.

El conjunto de ecosistemas que llamamos Colombia, más de 300, es extremadamente complejo —muchas variables, muchas interrelaciones— y por eso es difícil predecir sus cambios. La sociedad colombiana es, en cambio, demasiado simple: mal educada, amiguera, racista, segregada, estratificada; las personas que toman las grandes decisiones son muy pocas.

El Gobierno ha acertado al calificar la crisis como ecológica, económica y social. Es cierto que ha sido desatada por cambios climáticos globales, pero buena parte de los daños que han causado estos cambios se deben a errores humanos: ciudades construidas en las laderas de las cordilleras o sobre pantanos y humedales, bosques convertidos en potreros, cultivos en grandes pendientes y sin sombrío, ciénagas desecadas, concesiones mineras sin evaluación ni control, contaminación intensa de los ríos, etc.

Esta situación no se puede mejorar con soluciones simples; la reconstrucción debería empezar por una rehabilitación ecológica del territorio, seguida por modificaciones en la red de ciudades, ambas cosas acompañadas y apoyadas en inversiones importantes en investigación y formación ambiental. La rehabilitación de los ecosistemas afectados en las regiones andina y caribe no es una tarea sencilla ni barata.

Construir millones de viviendas para gentes sin suficientes recursos económicos requiere establecer una política de poblamiento del territorio, seleccionar los municipios en donde son más sostenibles los procesos de urbanización, introducir cambios en las políticas y en las estructuras sectoriales de producción y empleo e innovaciones significativas en el diseño y la planificación urbana.

Hacer todo eso es muy difícil en un país pobre y agobiado por conflictos éticos y políticos. Si sólo se pudiera hacer una cosa, aconsejaría tratar de disminuir la presión de la población en la región andina mediante la construcción de una o dos ciudades en la costa caribe en sitios de poca importancia ecológica, diseñadas para que sean ejemplo de convivencia, integración social, ahorro de recursos y calidad de vida. Con suerte esto sería una solución para muchos desempleados y desplazados, un alivio para las ciudades y ecosistemas andinos y un ejemplo de desarrollo razonable y equitativo.

 
Gustavo Wilches-Chaux

Estudió administración de desastres en Oxford. Dirigió el programa de autoconstrucción comunitaria de vivienda popular adelantado por el Sena después del terremoto que destruyó Popayán en 1983. Fue director de Funcop y de la organización ambiental Ecofondo. Miembro fundador de la Red de Estudios Sociales sobre Desastres en América Latina. Su idea: aprender de las comunidades.

En muchas regiones de Colombia las comunidades tienen claras las estrategias para la recuperación de sus territorios con posterioridad al desastre invernal y para su adaptación al cambio climático. Tal es el caso de las comunidades ligadas a la organización Asprocig (Asociación de Productores para el Desarrollo Económico del Bajo Sinú), que en su cotidianidad mantienen vivas las estrategias que permitían que para la cultura Zenú las inundaciones no fueran sinónimos de desastres sino fuentes de vida.

¿Por qué fueron insuficientes esas estrategias frente al desastre invernal? Porque la magnitud de las inundaciones fue muy grande, sí. Pero, sobre todo, porque la manera como se ha venido entendiendo y ejecutando el “desarrollo” ha herido de manera grave la capacidad de autorregulación del territorio.

En resumen, se han construido diques y se han desecado miles de hectáreas de humedales y ciénagas, quitándoles a los ríos los “dobladillos” que les permiten crecer sin consecuencias desastrosas; se han desplazado comunidades obligándolas a “urbanizarse” y a ocupar porciones del territorio que pertenecen al agua. Al territorio se le han impuesto megaproyectos y grandes obras de infraestructura que para nada consultan ni las dinámicas de la naturaleza ni los intereses de las comunidades locales.

¿Cuál es la clave, entonces, para la recuperación de esas zonas y para su adaptación al cambio climático? Sencillamente, reconocerles a las comunidades de la región el derecho a participar eficazmente en las decisiones que las afectan. Fortalecer las estrategias surgidas desde la base social y elevarlas a políticas públicas. O por lo menos no obstaculizarlas ni destruir la base ecológica y cultural. Reconocer que la biodiversidad ecológica y cultural de la región es su principal recurso para la adaptación.

En un escenario global de cambio climático, el país más competitivo será el que les garantice a sus habitantes el derecho fundamental al agua; capacidad para absorber sin traumatismos los cambios del clima; seguridad, soberanía y autonomía alimentaria, y una razón compartida para existir. Es decir, el derecho a la identidad ligada a un territorio concreto. Una recuperación mal enfocada puede ser peor para esas comunidades y para el resto del país que el mismo desastre invernal.
 
Brigitte Baptiste

La actual directora del Instituto de Investigaciones Biológicas Alexander von Humboldt es bióloga, exbecaria Fulbright, con una maestría en Estudios Latinoamericanos de la U. de Florida, un doctorado en Ciencias Ambientales de la U. Autónoma de Barcelona. Su idea: un modelo económico basado en la biodiversidad.

La búsqueda de conciencia de Colombia como un país megadiverso es la respuesta para asumirnos con una identidad global única, con un modelo de desarrollo propio y unas capacidades y potencialidades diferentes a las de los demás países.
 
Dentro del país, un proyecto de reconocimiento de la contribución local a esa megadiversidad dinamizaría las regiones y también les daría fundamento a formas de habitar y producir ecológica y económicamente sostenibles: en vez de reproducir esquemas de competitividad que copian los errores y las generalidades de los modelos simplistas globalizados, se recurriría a formas de habitar, producir y gobernar consecuentes con el carácter único de cada lugar, capaces de incorporar y proyectar el patrimonio natural y cultural propios.


En vez de construir balnearios turísticos de playa y sol idénticos a los que ofrecen todos los países ecuatoriales, por ejemplo, deberíamos promover inversiones en proyectos realmente ecológicos donde la fauna, la flora, el paisaje y las tradiciones locales se conviertan en el fundamento de las actividades productivas: redes de reservas privadas o comunitarias ofreciendo sitios para la observación de aves, para reconocimientos paisajísticos únicos, para experiencias compartidas de vida con pueblos indígenas.
 
Redes de productores locales con capacidad de participar en mercados globales de alimentos limpios, redes de industrias forestales o acuícolas certificadas. Y primero, la conciencia de que esa diversidad es la garantía de un bienestar que no tiene precio, ni cómo medirse o compararse con el de otras personas en términos monetarios, porque la vida es única y diferente en cada parte del mundo. Esa cualidad se consigue mediante un cambio sencillo en los currículos educativos y un sistema que promueva la complementariedad económica en vez de la competitividad como único mecanismo de regulación.

Germán Poveda

En 2010 fue nombrado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la máxima autoridad en temas relacionados con este fenómeno, como autor del V Reporte del Panel para el capítulo sobre América Latina. Es docente de la Facultad de Minas de la U. Nacional sede Medellín. Su idea: establecer un programa permanente de investigación sobre hidrología de Colombia.

La reconstrucción es necesaria y hay que enfrentarla ya. Pero implica una actitud reactiva a tragedias anunciadas. Desde hace casi dos décadas sabemos que las temporadas de lluvias en Colombia se intensifican durante La Niña. La investigación que hemos hecho ha contribuido a explicar los mecanismos físicos por los cuales se agrava la temporada invernal en Colombia durante La Niña. Y sabemos que tal situación está siendo exacerbada por el cambio climático, una realidad que ya está aquí para quedarse por varios siglos. Y, además, la deforestación acelerada de nuestras cuencas contribuye a causar y agravar las inundaciones.

Es necesario establecer políticas y programas proactivos en lugar de reactivos (más costosos en todo sentido). Es obligatorio implementar un programa integral para el manejo de agua en Colombia. Para ello es necesario definir una agenda de investigación que proporcione el mejor conocimiento científico que sirva de base para la toma de decisiones y para garantizar que el aprovechamiento de los recursos naturales se haga de manera sostenible y en consonancia con el bienestar de la sociedad.

Por mi parte, continuaré trabajando para ayudar a cerrar la brecha que existe entre la investigación y la toma de decisiones y la construcción de políticas públicas. Seguiré insistiendo en los foros académicos y en los medios de comunicación que estén a mi alcance. Ante tanta tragedia es antiético e irresponsable permanecer impávidos. Es imperativo y urgente que el Gobierno lidere y financie la creación de un programa nacional de investigación alrededor de los temas del agua (como recurso y como amenaza), así como de las consecuencias del cambio climático y de la deforestación.

Esa agenda de investigación debe estudiar la línea base del recurso, los retos impuestos por la variabilidad hidro-climática, evaluar adecuadamente los riesgos y la vulnerabilidad ante eventos hidro-meteorológicos extremos máximos y los extremos mínimos,; asegurar el acceso a agua limpia y garantizar vertimientos sanos. Debemos conocer a fondo la contaminación de corrientes, cuerpos de agua y acuíferos y las posibilidades de aprovechar el agua procedente de distintas fuentes o de distinto tipo. No se puede dejar de lado la relación entre el agua y la ocupación del territorio.

Tan sólo el conocimiento sólido de nuestros ríos nos permitirá legislar, gobernar y regular adecuadamente la riqueza hídrica de Colombia.

Arturo Escobar

Antropólogo y profesor en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Ha enseñado en varias universidades de los Estados Unidos y realizado trabajos de campo en el Pacífico colombiano, junto con comunidades negras. Recibió el título de "Kenan Distinguished Teaching Professor of Anthropology". Su idea: transición a una sociedad ecológica.

La Colombia de hoy es una Colombia de devastación. Las décadas del “desarrollo” sólo han exacerbado la desigualdad social, la concentración de la tierra, la injusticia, la violencia, la dependencia y la destrucción ambiental. Las llamadas locomotoras del desarrollo económico y el Tratado de Libre Comercio sólo lograrán profundizar estas tendencias.

La Colombia del futuro requiere de un modelo radicalmente diferente; tiene que romper con los imaginarios caducos de los siglos 19 y 20 (“progreso”, “desarrollo”, “modernidad”, “crecimiento material”). Dado que la crisis ambiental y social es global, hay que reimaginarse a Colombia pensando ecológica y políticamente con América Latina y el mundo (especialmente los debates sobre el Buen Vivir y los derechos de la naturaleza), en vez de adaptándose a la fuerza de la “globalización’.

Esto implica pensar en una verdadera transición ecológica y cultural hacia una sociedad muy diferente. Muchos visionarios nos hablan de las características de estas transiciones: la reestructuración de la producción de los alimentos con base en la descentralización, el cultivo orgánico y la biodiversidad; la democracia participativa; las autonomías locales; el uso menos intenso de los recursos; la reducción del consumo de energía y fuentes alternativas de ésta; y las economías sociales y solidarias. Pospetróleo, poscarbono, poscapitalismo, posextractivismo, posdesarrollo son algunos de los imaginarios emergentes. En sus formas más avanzadas, estas narrativas nos hablan de un cambio de modelo civilizatorio.

No es tan difícil imaginarse estos mundos diferentes. Imaginémonos por ejemplo un Valle del Cauca sin caña de azúcar y ganadería extensiva, lleno de pequeñas y medianas fincas dedicadas al cultivo agroecológico de frutales, hortalizas, granos, animales, etc., orientadas hacia los mercados regionales y nacionales, y sólo de forma secundaria a la exportación.
 
Durante más de dos siglos, este impresionante Valle ha sido sistemáticamente empobrecido ambiental, social, y culturalmente por una élite insensible y racista, que se ha enriquecido inmensamente para su propio beneficio; como se sabe, la caña agota las tierras, las aguas y las gentes (en especial la gente negra) y la ganadería extensiva ha desnudado montes y laderas. En el nuevo Valle se restaurarían los paisajes, se erradicaría la pobreza, muchos que aún quieren tener tierra la tendrían, decrecerían las ciudades y se repoblarían campos y poblados, resurgiría la cultura, se lucharía abiertamente contra el racismo y el sexismo, y todos tendrían acceso a educación de buena calidad y a las tecnologías de la información. Podemos hacer un ejercicio de la imaginación similar con cualquiera otra región del país. El Pacífico, por ejemplo, como lo visualizan los movimientos de afrodescendientes e indígenas, sería un Territorio-Región intercultural con comunidades integradas al medio ambiente, “sin retros, ni coca, ni palma”, como dicen los activistas.

La Colombia del futuro se debe pensar de abajo hacia arriba. Hay, sin duda, requisitos básicos para ello: una redistribución radical de la tierra, una política de convivencia intercultural basada en el fortalecimiento cultural y social de las comunidades, políticas de ciencia y tecnología plurales que se surtan de los múltiples conocimientos y concepciones de vida, e infraestructuras de apoyo en cada localidad y región. Gracias a las visiones sobre la transición, lo imposible se vuelve pensable; lo pensable, realizable. Surgirá otra “Colombia”, ecológica y plural, a medida que deja atrás ese llamado desarrollo que hoy la devasta.

Manuel Rodríguez

Fue el primer Ministro de Medio Ambiente que tuvo Colombia. Presidente del Foro de Bosques de las Naciones Unidas en 1996-1999 y 2004-2005 y miembro de la Comisión Mundial de Bosques y Desarrollo Sostenible. En 1997 contribuyó a la creación del Foro Nacional Ambiental, una alianza de organizaciones ambientalistas. Su idea: un reajuste de la tasa del uso del agua.

La reciente tragedia invernal hizo evidente el deterioro y destrucción de diversos ecosistemas críticos para la regulación del agua —páramos, bosques protectores de las cuencas hidrográficas y humedales— y el imperativo de restaurarlos.
 
¿Pero dónde está la plata para financiar esta monumental tarea de largo plazo que debe iniciarse de inmediato? ¿Acaso hay que recurrir a la asignación de recursos de emergencia de las arcas públicas o a la caridad de los cacaos y otros filántropos nacionales o internacionales? Seguramente estos expedientes no sobrarían, pero ante todo debemos recurrir a la implementación plena de viejas ideas consagradas en la ley y no tratar de reinventar la pólvora.
 
Según un juicioso estudio del economista Guillermo Rudas, un reajuste de la tasa del uso del agua, establecida en el código de los recursos naturales de 1974, pasándola de setenta centavos (que la hace gratis en la práctica) a siete pesos por metro cúbico, produciría $150.000 millones al año. ¿No es, acaso, grotesco que el Acueducto de Bogotá pague a Parques Nacionales la irrisoria suma de 200 millones de pesos al año por el suministro del 80% del agua de la ciudad que procede de Chingaza, unos recursos absolutamente insuficientes para proteger este ecosistema? ¿Por qué diablos hay que regalar el agua a las empresas agroindustriales, permitiendo, así, que no paguen por la protección de los ecosistemas que les proveen el precioso líquido? Pero la tasa de uso no solamente produciría nuevos recursos para la protección de las cuencas, sino que incentivaría a los usuarios a hacer mejor uso del agua.
 
Si los municipios y departamentos destinaran el 1% de su presupuesto a la protección y restauración de las cuencas que abastecen el agua a los acueductos municipales, tal como lo obliga la ley desde 1993, se producirían recursos adicionales por $500.000 millones al año. En los dieciocho años de vigencia de esa norma, según la Contraloría General, solamente se han destinado a este fin irrenunciable el 16% de los recursos potenciales. ¡Sí que nos han faltado un Contraloría y unos ministerios de Hacienda y del Ambiente que hagan cumplir la ley!

Son dos políticas establecidas de tiempo atrás que se han implementado parcialmente, con el inocultable y escandaloso fin de proteger poderosos intereses. Allí se encuentran $650.000 millones potenciales al año (equivalentes al 40% del presupuesto del Sistema Nacional Ambiental), que si se invierten con eficacia (o no se los roban), podrían contribuir a subsanar los daños que se han perpetrado a nuestro medio ambiente y a hacer el país menos vulnerable a las inevitables y crecientes olas invernales y sequías que el calentamiento global y La Niña-El Niño nos deparan.

Margarita Marino

Antropóloga y filósofa. Exdirectora del Inderena. Perteneció a una de las comisiones mundiales sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas. Fue asesora de la Comisión para la Educación del Siglo XXI de la Unesco. Su idea: un Consejo Permanente de Sostenibilidad.

Lo que nos enseña la actual emergencia es que el desarrollo tiene que rediseñarse dentro de las realidades ambientales. La crisis devela, entre otras cosas, una reiterada ocupación equivocada del territorio, una marcada ausencia de conocimientos y valoración de nuestros ecosistemas y el desconocimiento ciudadano de los derechos ambientales.

Sin negar que las decisiones ambientales son asuntos de poder, lo que es claro es que la prosperidad estable sólo puede ser alcanzada aquí y en todo el mundo si los ecosistemas esenciales y el ambiente son salvaguardados. En este tránsito hacia el desarrollo sostenible hay que desafiar antiguos conceptos y proponer nuevos paradigmas.

De hecho, una visión simplificada de los temas ambientales resulta en efectos que empobrecen a comunidades y culturas. Por ejemplo, la política de minería que tiene en cuenta únicamente el factor de inversión y precios sin considerar el agotamiento de los recursos, la restauración, los cambios en el territorio y en la vida de los pobladores, resulta, como se ha demostrado, en el empobrecimiento ambiental y social.

En estos tiempos, habría que plantearse proyectos urgentes de restauración ecológica, la reubicación de poblaciones en riesgo, los cinturones verdes alrededor de las ciudades, el apoyo a la seguridad alimentaria, la defensa de los páramos, el reforzamiento del monitoreo, controles y sanciones a las extracciones de recursos y proyectos de infraestructura. La reorganización de las capacidades institucionales y su articulación con las instituciones académicas, organismos sectoriales y regionales (las reformas de las CAR), pero sobre todo la responsabilidad de los ambientalistas en enriquecer las propuestas ambientales en la nueva ley de ordenamiento territorial, que debería llamarse la ley de asentamientos y uso del territorio.

Ocurre que nada de esto puede hacerse sin conocimientos, ni ciencia, ni experiencia. Mi sugerencia principal sería la de un impulso nuevo y decidido de apoyo y difusión de la ciencia y promoción de las innovaciones ambientales y un Consejo Permanente de Sostenibilidad, que se organice bajo la tutela de la Academia de Ciencias, que promueva inventarios regionales de patrimonio natural, que analice e influya en las decisiones de la política, dirima los conflictos sobre el uso de los recursos presentando los argumentos científicos para su defensa."